Llegamos de Barcelona en tres horas. Nada más salir del aeropuerto, en la misma calle a la derecha, vimos los buses lanzaderas o shuttles a las compañías de alquiler de coche, que están a 3 kilómetros del aeropuerto. Recogimos nuestro flamante peugeot 308 y comprobé los daños que tuviera el vehículo antes de marchar. Una vez reconocido, comprobados asientos y retrovisores, nos pusimos en marcha a la vez de que mis suegros me preguntasen si era muy difícil conducir por el lado izquierdo. Yo les dije que lo había hecho varias veces y que te acostumbras enseguida. Nada más salir de las instalaciones tomé la primera rotonda en contra dirección. O sea, la tomé bien si lo hubiese hecho en España, pero aquí lo hice en sentido prohibido. Me dí cuenta al salir pues me metí en el carril contrario y rápido lo cambié, comprobando por el retrovisor un coche que tomaba la rotonda al revés de lo que yo había hecho. Ni qué decir que la tónica del resto del viaje fue la de todos los ocupantes señalando el carril correcto al salir de cada cruce, muchas veces con indicaciones erróneas por su parte.
La idea era visitar Dublín a todo ritmo por el día y a partir de que anocheciese conducir hacia Bru Na Boine, cerca de Drogheda, para alojarnos en el Newgrange lodge frente a las ruinas, en el camino hacia Belfast.
Dejamos el coche en un parking muy cerca de la catedral de Christchurch.
Teníamos claro que visitaríamos todo el centro a pie pues el tráfico aunque no era muy denso, era lo suficientemente engorroso para circular e ir aparcando en parquímetros de no más de 2 horas con el consecuente riesgo de retirada de grúa, además de caros.
Ver Jake's Dublin Map en un mapa más grande
Si tu estancia en Dublín no va a ser fugaz o la visita no es el primer y último día como en nuestro caso, igual te interesará el Dublín pass.
Visitamos la catedral de Christchurch, la madre de todas las iglesias de Dublín, fundada por el rey Sitric y el primer obispo de Dublín, Dunan, y reconstruida por los anglonormandos en 1168. Es la más antigua de la ciudad y profesa el culto anglicano.
(bus 49X, 50X, 54A y 78A; de septiembre a mayo de lunes a sábados de 9:45 a 16:15 y domingos de 12:30 a 14:30, del 1 de junio al 15 de julio lunes, martes y viernes de 9:45 a 18:15, miércoles, jueves y sábados de 9:45 a 16:15 y domingos de 12:30 a 14:30 y de 16:30 a 18:15, del 16 de julio al 30 de agosto de lunes a viernes de 9:45 a 18:15, sábados de 9:45 a 16:15 y domingos de 12:30 a 14:30 y de 16:30 a 18:15; adultos 6 €, niños y estudiantes 3 €);
A destacar del interior de Christchurch es su nave central, el atril medieval, el sepulcro de Strongbow y la cripta.
Abajo en la cripta encontré algo bastante curioso, un café-restaurant dentro de ella!!
Decir que la cripta es un inmenso espacio con arcos, coetánea de la primitiva iglesia vikinga. Podemos ver en una vitrina los restos momificados de un gato y un ratón atrapados en un tubo del órgano, que debieron vivir por 1860. También hay una colección de platos decorativos donados por el rey Guillermo III en 1690 y un atril medieval similar al que hay arriba en la nave.
Bajamos Nicholas street hasta la catedral de San Patrick.
(bus 49X, 50X, 56A, 77, 77X y 151; de marzo a octubre diariamente de 9:00 a 17:30, de noviembre a febrero de lunes a sábados de 9:00 a 17:00 y domingos de 9:00 a 15:00; adultos 5,50 €, estudiantes 4,50 €).
La Catedral de San Patricio en Dublín se construyó en honor al patrono de Irlanda. Está ubicada al lado del pozo donde la tradición dice que San Patricio hacia sus bautizos sobre 450 D.C. Originalmente la Catedral era una simple iglesia de madera construida el siglo V en honor a San Patricio. Fue en 1191 cuando la iglesia fue reconstruida en piedra.
El interior es gótico y está decorado con monumentos de familias importantes relacionadas a la Catedral. También está el retrato de Jonathan Swift —autor de los viajes de Gulliver— quien fue decano de la Catedral.
Aquí tenéis una completa información sobre el interior de la catedral.
De camino al barrio de Temple Bar pasamos por el Dublin castle, la base del dominio inglés durante siete siglos, desde que en el siglo XIII los anglonormandos construyeran una fortaleza en este lugar. Antes, en el siglo X, fue fortaleza vikinga.
Vale la pena dar un paseo por sus patios, visitar los Apartamentos de Estado,
Ya en el barrio del Temple Bar decidimos tomarnos una pinta de cerveza irlandesa en alguno de sus pubs. Hay muchos en esta zona, ya que es el epicentro de la marcha nocturna irlandesa como bien pudimos contemplar la última noche de nuestro viaje, aunque de espectadores forzosos en el Hotel Temple Bar.
Entre los mejores pubs se encuentran The Temple Bar, The Porterhouse, The Stag’s Head o el Turk’s Head. Nosotros nos dirigimos al primero pues no puedes visitar Dublín sin tomar algo en este pub.
La elección fue acertada y disfrutamos de una buena Guinness, un sandwich caliente de jamón y queso y un cafecito irlandés (café, whiskie y nata). Para que os hagáis una idea de precios, y no sólo del Temple, el sándwich 5,5€, la pinta de 250ml 3,40 y la de 500ml 4,95€ y el café 6,45€.
La nata del café nos dio fuerzas renovadas para continuar la visita.
Nos acercamos hasta el río Liffey, al puente O´Connell. Al ver que se hacía tarde desistimos de cruzarlo (lo haríamos el último día, al volver a Dublín), y bajamos hacia el sur por la calle Westmoreland con destino Trinity College, la universidad más antigua y prestigiosa de Irlanda que tuvo como alumnos a personalidades célebres como James Joyce, Oscar Wilde o Bram Stocker.
La actividad estudiantil de la universidad era frenética en un lunes de noviembre. Nos adentramos por sus patios y jardines, pasamos al lado del solitario campanario de 30m de altura y entramos en el edificio que alberga la Long room, en Fellows´square, dentro de las instalaciones de la uni.
La entrada cuesta 9 euros, pero no hay que perdérsela. A parte de ver en ella el famoso Libro de Kells, la espectacular Long room te deja boquiabierto. Esta sala de 64m de largo, de trazado basilical de la que impresiona, al menos visualmente, la bóveda de cañón que corona la sala.
contiene cerca de 200.000 libros.
Lástima que no se puedan hacer fotos, pero me llevo su recuerdo en la retina como lo llevo de la biblioteca de El Escorial.
Antes de salir del recinto universitario visitamos la “Esfera dentro de una esfera” frente al edificio Berkeley Library, un toque moderno a los edificios académicos.
Bajamos por la calle Kildare para comprobar in situ el cierre del museo Arqueológico Nacional. Con una amable sonrisa el portero nos dijo que ya eran las 5 de la tarde y aprendimos que en Irlanda, por lo menos en esta época del año, todo lo visitable se cierra puntualmente a la susodicha hora.
Así que nos quedaba pasear por la comercial Grafton street, donde a parte de ver todo tipo de tiendas, mi suegro logró comprar un cartón de tabaco al irrisorio precio de 75€, sólo a él se le ocurre salir sin tabaco de España a un país anglosajón.
Y así discurrió la calle y el paseo hasta salir de nuevo al Dublín castle y de nuevo al parking de Christchurch.
Ahora nos dirigimos al museo o fábrica de la Guinness, una visita que recomiendo y a la que he dedicado un completo post que os dejo en este link de la visita a la fábrica de cerveza Guinness.
Acabada la visita nos dirigimos al centro de Dublín y decidimos ir directamente al barrio de Temple bar donde aparcamos el coche en un parking público de su calle principal.
Al salir nos topamos con el hotel Temple bar que aunque parecía bastante lujoso, al menos para nuestro humilde presupuesto, decidí entrar y consultar precios. Mi sorpresa fue mayúscula ya que la habitación con desayuno estaba en 70 euros. Como la ubicación era en pleno centro y teníamos el coche aparcado con una tarifa, si no recuerdo mal, de 12 euros las 24 horas si estabas alojado en el hotel, no lo dudamos ni un instante y volvimos al coche a recoger las maletas para instalarnos en la fenomenal habitación.
Quizá, si no lo quieres dejar al azar o jugarte que no haya plazas según la época es mejor buscar hotel antes de ir. Te dejo este enlace como orientación de precios: Hoteles en dublin.
El día había sido largo pero nos quedaban fuerzas para ir a dar una vuelta a la calle O´Connell al norte del río Liffey, zona que no recorrimos el primer día.
Básicamente recorrimos lo mismo que al día siguiente por lo que sólo os comentaré de la noche que visitando la estatua de James Joyce nos encontramos un cámara de TV3 que hacía un programa tipo callejeros viajeros pero de productos catalanes en el extranjero. Me comentó que Dublín era la primera ciudad que visitaban entre las muchas que iban a filmar, entre ellas Dubai, Río, Nueva York, etc. Le pedí trabajo como ayudante de sonido o de lo que fuera y me agradeció que en la demanda incluyera la petición de querer trabajar, pues me dijo que la gente le pedía normalmente ir en su maleta sin nombrar para nada ningún tipo de esfuerzo, por lo que a pesar de ese pequeño reconocimiento se despidió y me dejó junto a la estatua del renombrado escritor.
Cenamos en Flanagans muy bien de precio para la cantidad de comida.
Después de dejar a los suegros en el hotel nos quedamos un rato por las calles de Temple Bar, cuyos bares y tiendas cerraban tarde.
Los pubs de hecho no sé si cerraban pues a las 4 de la mañana mis 3 acompañantes no habían pegado ojo por la juerga que se oía en la calle a pesar de ser una noche laboral de noviembre, con un frío que aparentemente sólo daba ganas de quedarse en casa. Yo, de todas maneras, dormí como un bendito gracias a mis inseparables compañeros de viaje, los tapones de oídos para dormir plácidamente en situaciones adversas.
Al día siguiente Marta y yo desayunamos temprano y rápido y nos acercamos al río Liffey para cruzar de nuevo el puente.
La ciudad estaba frenética desde bien temprano, en plena actividad. Continuamos la avenida O´Connell contemplando las diferentes estatuas. La primera de todas del mismo O´Connell, llamado “el Libertador”.
Luego contemplamos otras estatuas como la de William Smith O´Brien y la de James Larkin.
Detrás de esta última se encontraba la famosa aguja llamada The Spire. Denominado Monumento de la Luz, es un larguísimo cono de acero inoxidable de 120 metros de altura y una base de 3 metros de diametro que se va estrechando hasta los 15 centímetros en su extremo superior. La Spire es verdaderamente impactante.
Para rematar el viaje cruzamos de nuevo el puente, vimos la estatua de Molly Malone y nos acercamos hasta el museo arqueológico que esta vez sí pudimos admirar.
Al salir nos topamos con el hotel Temple bar que aunque parecía bastante lujoso, al menos para nuestro humilde presupuesto, decidí entrar y consultar precios. Mi sorpresa fue mayúscula ya que la habitación con desayuno estaba en 70 euros. Como la ubicación era en pleno centro y teníamos el coche aparcado con una tarifa, si no recuerdo mal, de 12 euros las 24 horas si estabas alojado en el hotel, no lo dudamos ni un instante y volvimos al coche a recoger las maletas para instalarnos en la fenomenal habitación.
Quizá, si no lo quieres dejar al azar o jugarte que no haya plazas según la época es mejor buscar hotel antes de ir. Te dejo este enlace como orientación de precios: Hoteles en dublin.
El día había sido largo pero nos quedaban fuerzas para ir a dar una vuelta a la calle O´Connell al norte del río Liffey, zona que no recorrimos el primer día.
Básicamente recorrimos lo mismo que al día siguiente por lo que sólo os comentaré de la noche que visitando la estatua de James Joyce nos encontramos un cámara de TV3 que hacía un programa tipo callejeros viajeros pero de productos catalanes en el extranjero. Me comentó que Dublín era la primera ciudad que visitaban entre las muchas que iban a filmar, entre ellas Dubai, Río, Nueva York, etc. Le pedí trabajo como ayudante de sonido o de lo que fuera y me agradeció que en la demanda incluyera la petición de querer trabajar, pues me dijo que la gente le pedía normalmente ir en su maleta sin nombrar para nada ningún tipo de esfuerzo, por lo que a pesar de ese pequeño reconocimiento se despidió y me dejó junto a la estatua del renombrado escritor.
Después de dejar a los suegros en el hotel nos quedamos un rato por las calles de Temple Bar, cuyos bares y tiendas cerraban tarde.
Al día siguiente Marta y yo desayunamos temprano y rápido y nos acercamos al río Liffey para cruzar de nuevo el puente.
Luego contemplamos otras estatuas como la de William Smith O´Brien y la de James Larkin.
Detrás de esta última se encontraba la famosa aguja llamada The Spire. Denominado Monumento de la Luz, es un larguísimo cono de acero inoxidable de 120 metros de altura y una base de 3 metros de diametro que se va estrechando hasta los 15 centímetros en su extremo superior. La Spire es verdaderamente impactante.
Para rematar el viaje cruzamos de nuevo el puente, vimos la estatua de Molly Malone y nos acercamos hasta el museo arqueológico que esta vez sí pudimos admirar.
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Una vez pagada imprimes el comprobante y la recoges en Dublín.
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Menudo repaso a Dublín!!! yo estuve nada más que un fin de semana y con motivo de visitar a un amigo que estaba estudiando allí... así que imagínate lo que vi...
ResponderEliminarLa biblioteca impresionante!! me encantan estos lugares...
Nosotros en vez de visitar la fábrica de cerveza, visitamos a donde la sirven jejejeje... y cayeron más de una... o siete...
Un saludo!
Vaya, soy el primero en comentar... :), me encantó Dublin estuve un sólo día (desde las 7am hasta las 19h que volví), tiempo suficiente para ver Dublin ... me costó 10libras el vuelo. Viviendo en Londres tengo la suerte de tener vuelos de éste tipo ... bueno, ... el caso, ... genial Dublin, además a pesar de ser Noviembre tuve la suerte de tener un día soleado (de esos en los que el sol tan sólo sube un palmo :)).
ResponderEliminarOs invito a visitar mi nuevo blog de viajes personales en www.thewotme.com
Un saludo y hasta la próxima.