16/1/2011

GUATEMALA EN LA RUTA MAYA







GUATEMALA 



(viaje de 1996 de 2 meses en la Ruta Maya)

...Así que de nuevo íbamos a hacer el viajecito que hicimos la semana anterior con los yankies, otra vez tuvimos que sortear los controles militares, tanto los fijos como los móviles, y otra vez recorrer aquél duro camino en su mayoría sin asfaltar. Frontera Echeverría era el punto en que nuestros caminos se separaban,




ellos río arriba hacia Yachitxlán y nosotros río abajo hasta el pueblo fronterizo guatemalteco de Bethel, nos dimos un abrazo y nos deseamos suerte para el futuro. La suerte es muy importante para el viajero, por muy planeado y estudiado que tengas tu ruta este factor es el primordial y definitivo, sin suerte no terminas un viaje felizmente. Embarcamos en una larga canoa y nos dirigimos hacia Bethel por aquel hermoso río selvático, el Usumacinta. De nuevo Marta y yo marchábamos solos. ¿He dicho solos?, pues no, también viajaba una japonesa en la barca, ya te digo que ha de haber uno o una en cualquier rincón del mundo, por muy recóndito que sea.






Tardamos 35 minutos en llegar a la sucia y pobre localidad fronteriza de Bethel. Todo estaba lleno de lodo ya que había llovido mucho los días pasados. Pobre Joan y May en el camino a Bonampak, si nosotros nos pusimos de barro hasta las orejas sin que hubiera llovido no me quiero imaginar cómo se iban a poner, espero que tuvieran calzado de recambio. Cuando desembarcamos la japonesa comenzó a subir hacia el pueblo antes que nosotros pero rápidamente le seguimos detrás. Íbamos intentando pisar el menor barro posible cuando vi caer una mochila al suelo. Se trataba de la mochila de la japonesa, la chica iba delante de ella pero el bulto era tan grande que ella casi no se veía. Total que japonesa y equipaje dieron de morros contra el suelo. Le ayudé a levantar lo más rápido que me fue posible pero el daño estaba hecho, la pobre estaba casi histérica por verse teñida de color marroncillo. Seguimos andando y aparecieron las primeras cabañas del pueblo, desde una de ellas nos llamó un oficial de aduanas para que pasáramos el control de inmigración. Una de estas barracas cutres era el puesto fronterizo, es increíble. El oficial sentado tras una gran mesa no paraba de fumar mientras ojeaba nuestros pasaportes, echaba el humo y nos miraba directamente a la cara mientras se cercioraba que nuestros rasgos faciales coincidían con la foto del pasaporte. Una vez ojeada enteramente la documentación la selló y nos reclamó 6 U.S $ a cada uno por impuesto de entrada. Nosotros pese a saber que en todas las fronteras terrestres se paga este peaje preguntamos el por qué y nos contestó que porque así se hace y así se hará y nomás. Lo mejor era pagar sin rechistar. También cambiamos unos pocos dólares por quetzales que es la moneda oficial del país, en esto entró la japonesita y fue el hazmereir de los de aduanas. ¿dónde se metió guayabita que viene llenita de barro todita? Y se reían.
Montamos en el único autobús que estaba parado en aquel barrizal. No podía ser otro, sólo hay una carretera hacia Flores, mejor dicho, no hay otra carretera más que esta que se dirija a algún lugar cerca de la civilización, estábamos en la región del Petén el departamento más grande de Guatemala y que está situado en la zona nororiental del país donde predomina la selva y las pocas carreteras están sin asfaltar. El autobús estaba muy sucio por fuera y más que asqueroso por dentro. Pusimos las mochilas en un compartimento cerrado en la parte trasera del camión y nos sentamos esperando que saliera lo antes posible para alejarnos de aquél pueblacho. Sólo había un bus diario hacia Flores y era el de las doce de la mañana. Comentamos que si lo hubiéramos perdido tendríamos que haber dormido en aquel lugar, de pensarlo se nos ponían los pelos de punta. Hasta las doce y media no salió y eso que a en punto ya estaban todos los asientos llenos. Sólo salir del pueblo ya subieron dos personas que se quedaron de pie en el pasillo, luego tres más, después dos, mas tarde cuatro, etc... el autobús iba completamente abarrotado y siempre quedaba más sitio, al menos eso le parecía al copiloto que siempre repetía “suban nomás al fondo hay sitio, apúrense, hagan el favor de juntarse poquito más”. Os aseguro que he viajado en camiones y gua-guas por Centro y Sudamérica pero jamás había visto un bus tan lleno de gente. Más que un viaje a Flores parecía un intento de record Guinnes en capacidad de carga de un autobús. En fin, hasta que estalló una rueda y tuvimos que parar en la cuneta. Pude ver entre los cristales y los brazos y cuerpos que tenía alrededor cómo bajaban cinco hombres a mirar el calibre de la avería. Se quedaron mirando la rueda unos tres minutos sin que nadie dijese nada hasta que el conductor rompió el silencio diciendo “así seguimos, así llegaremos pues”. La rueda por suerte era la interior y no nos pasó nada porque Dios no lo quiso. Inocentes de nosotros pensamos que de ahora en adelante ya no pararían para que subiera más gente, que ilusos. El reventón era algo previsible porque entre el peso del camión, de la cantidad inhumana de gente hacinada en su interior, las maletas, mochilas, sacos de patatas, gallinas y qué se yo en el compartimento de equipajes, todo el camino lloviendo y la carretera llena de baches y sin asfaltar aún no entiendo como el autobús no explotó. Y digo autobús por llamar de alguna manera a ese camión de ganado. Este calvario duró 130 km nada más y nada menos, o sea, cuatro horas y media de viaje contadas minuto a minuto por nosotros. Y menos mal que íbamos sentados, mucha gente hizo todo el trayecto de pié aguantando estoicamente baches y curvas.
Aleluya, hemos llegado a Santa Elena que es el final del camino. El autobús venía bastante más vacío porque la gente iba descendiendo en las aldeas de la periferia.
A veinticinco metros de la parada final del bus había un hotelito con una pequeña agencia para hacer excursiones en su interior, la presencia del alojamiento nos era alertada por un tipo que trabajaba en él y se encargaba de atraer turistas. En recepción pedimos la llave para echar un vistazo a la habitación como solemos hacer siempre. Es cuestión de mirar un poco la limpieza en su interior, el baño y las sábanas, si éstas tienen alguna gota de sangre seca hay que marchar lo más rápidamente posible del hotel puesto que hay chinches en los colchones. Aún tomando estas precauciones nos han picado chinches y garrapatas en otros viajes anteriores pero son casos contados. Fui a echar el vistazo rutinario y me cercioré de que esa habitación era una de las más cutres que había visto en mi vida, podía servir para pasar una noche rápida y si no hubiera nada más en unos kilómetros a la redonda, además era urgente una ducha para reponernos del viaje de marras y ese no era el lavabo más apropiado. En fin, bajé y le hice un gesto a Marta para que fuera recogiendo las mochilas que nos íbamos de allí, devolví las llaves y salimos a la calle. Le dije a Marta que lo mejor era irnos a Flores porque según el libro guía de viajes los hoteles de allí eran mejores. Flores es una isla que está separada de Santa Elena por una calzada de 500 metros, así que cogimos un taxi que nos llevó raudo al hotel Mesa de los mayas que también es un restaurante conocido de la isla. Cuando vimos la habitación del hotel se nos abrieron nuevas perspectivas de lo que hasta entonces habíamos pensado iba a ser una dura estancia en la selva del Petén. Estaba limpísima y era muy nueva, una cama ancha y confortable. Lo mejor del lavabo era la ducha de potente chorro de agua bien caliente, incluso había mampara. También había TV por cable y mando a distancia todo un lujazo y por sólo 5 US $ más que la del asqueroso hotel que estuvimos antes, es increíble. Después de ducharnos bajamos a cenar al restaurante del hotel que era famoso en el pueblo por sus platos típicos. Yo me pedí un plato de carnes en el que se podía degustar unas porciones de venado, armadillo, pavo salvaje, un choricillo y tepezcuintle que es un roedor del tamaño de un conejo. El tepezcuintle es una de las mejores carnes que he probado, es una gozada de rico. Quisimos dar un paseo nocturno por el pueblo pero ya no nos quedaban fuerzas después de dos días viajando en autobús, furgoneta, lancha y camión de ganado. En dos días habíamos recorrido la distancia que separa a San Cristóbal de las Casas de Flores.



Ver de San Cristobas de las Casas a Flores en un mapa más grande




SELVA DE EL PETÉN



El Petén es la provincia más grande de Guatemala y la que contiene mayor extensión de selva. Sus fronteras limitan al norte y oeste con Méjico, al este con Belice y al sur con el resto de Guatemala. Es un territorio semivirgen aunque está sufriendo la segunda mayor deforestación del mundo después de la del sudeste asiático. Posiblemente si alguien lee esto dentro de 30 años me envidiará por la suerte que tuve de ver la selva de El Petén o en el peor de los casos simplemente me envidiará por haber visto la selva.
Las carreteras están sin asfaltar y en general todo es bastante caótico. El único camino asfaltado es la carretera de Flores a Tikal o mejor dicho, del aeropuerto a Tikal. Esta carretera es la que utilizan la mayoría de turistas que se dirigen a estas ruinas, los cuáles vienen en avión, las visitan, vuelven al aeropuerto y se marchan tal como vinieron sin pasar la noche en Flores. Nosotros también llegamos a las ruinas por este camino.


Antes de llegar pinchamos una rueda de la furgoneta, estaba visto que en el Petén deben ser una norma estos contratiempos. Bajamos todos los que íbamos en el interior del vehículo y nos pusimos a cambiarla, esperando que no pinchásemos otra vez ya que no había más ruedas y visto como se las gastan aquí no era de extrañar que nos siguiera acompañando la mala suerte. Pero finalmente no ocurrió así y llegamos a Tikal sin más incidentes.
Tikal era una de las ciudades más majestuosa que construyeron los mayas. Sus ruinas abarcan un espacio de 18 kilómetros cuadrados y se ubican en una reserva natural de 576 km cuadrados declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Alcanzó su esplendor entre el siglo V y el X y era rival de la ciudad llamada Caracol que se encuentra en el país vecino de Belize. Más tarde llegaron los itzaes y conquistaron Tayasal (Flores) pero Tikal ya estaba sumida en el olvido y no fue hasta 1848 cuando una expedición guatemalteca devolvió al mundo la memoria de esta vieja ciudad maya.
Para ver bien Tikal se necesitan dos días de visita aunque si no eres erudito en la materia con un día y a marcha apresurada tienes más que suficiente. Las ruinas de los edificios están desperdigadas en esos 18 km cuadrados por lo que hay que andar bastante. Nosotros nos equivocamos de buen principio y para ir a la plaza principal tomamos el camino más largo que daba un rodeo considerable. El pateo me cabreó sumamente pues después de los dos días anteriores mi deseo era una estancia algo más relajada, además durante la caminata teníamos de acompañantes a unos pequeños amigos que te iban picando poco a poco pero concienzudamente, nuestros amigos los mosquitos. Estaba lleno de esos insectos y la razón de ello es que Tikal está en la selva, quiero decir que está en medio de la selva, no es como en los otros complejos que limpian la vegetación de la zona que abarca el recinto, aquí la selva lo envuelve todo, templos, plazas y pirámides están escondidos entre toda aquella infinita flora. Cuando llegamos a la plaza principal se me pasó el mal rollo primero por la maravilla que estaba contemplando y segundo porque empezábamos a saber donde estábamos.





La orientación es un tanto difícil por todas las particularidades que he dicho anteriormente, es decir, por su inmensidad y vegetación. Dos de las pirámides más hermosas que vimos en toda la Ruta Maya se alzaban majestuosamente en la plaza principal, una frente a la otra. A los otros lados de la plaza se esparcían templos pequeños y otras estructuras de menor importancia. Sólo se podía subir a una de las dos pirámides gemelas desde donde se contemplaba una vista soberbia. Pero la mejor vista del complejo la tiene el templo IV que está muy alejado de la plaza principal. Un cartel señala este templo, indica que se ha de subir una montaña de vegetación muy espesa. Así lo hicimos y comenzamos a subir por un sendero con escaleras de madera, agarrandonos a ramas de árboles, raíces, etc. De repente al sobrepasar un trozo de vegetación muy densa aparece el techo desnudo de la pirámide que nos era imposible de ver desde abajo. Que barbaridad! Habíamos subido una pirámide sin darnos cuenta creyéndonos que era una colina. Ahora solo nos separaba de la cima unas escaleras metálicas verticales de seis metros de altura que comunicaban con la base de la crestería.




Desde allí se contemplaba la vista más alucinante de todas las pirámides mayas, te hallas sobre el edificio indígena más alto de América, allí a 64 metros de altura se te aparece un manto vegetal interminable en el que se asoman restos de los otros templos de Tikal, se distinguen las cimas del templo I y II de la plaza principal. Aquí entiendes porqué vale la pena venir hasta Tikal.





Después de media hora contemplando aquella vista reservada a las aves, descendimos y continuamos visitando el resto de ruinas diseminadas por doquier, hasta que ya no pudimos más y nos dirigimos hacia la salida. En el bar nos tomamos unas cervezas que nos reconfortaron de golpe.



PARQUE NACIONAL TIKAL
Localizado en la parte norte de Guatemala, departamento de Petén, a 60 km de Flores. 
La entrada al parque está a 16 km del Centro de Visitantes. El costo de la entrada al parque es de Q150 o $20. Es mejor pagar en quetzales, porque si paga en dólares americanos tal vez no os darán una buena tasa de cambio.  

No hay servicio eléctrico en Tikal. Varios negocios tienen generadores de electricidad que usan durante 3-4 horas por la noche. 
Antes de entrar a las ruinas hay un Centro de Visitantes, dos museos, parqueo, correos, oficinas de administración del parque, tiendas de artesanía, 3 hoteles, un camping y algunos restaurantes y comedores.  

El centro de visitantes, abierto de 6:00 am a 6:00 pm, está localizado en la entrada del camino que conduce a las ruinas, que están aproximadamente a 20 min. a pie. En el centro de visitantes hay una maqueta de Tikal, como era cuando estaba habitado por los Mayas. Aqui también encontrareis uno de los dos museos, con monumentos de piedra y fotos de la excavación y restauracion hecha en los años 1960. Tambien está el kiosko de guias, centro de información, tiendas de artesania y un restaurante.  
Un museo mas pequeño con artefactos de Tikal está localizado a unos 300 mts, cerca de los hoteles, al cual se cobra la entrada, no incluida en la entrada al parque. 
El acceso a las ruinas es solo a pie. 

Sugerencias para mejorar tu visita a Tikal:

-Si solo estais en el parque  un dia, visitar solo los lugares principales, como la Gran Plaza, Templo IV, Templo V y el Mundo Perdido. El parque es inmenso y facilmente se puede hacer un recorrido de dos dias y no visitar el parque completo. 
-Usa zapatos cómodos, se camina mucho.
-Trata de subir aunque sea uno de los templos, especialmente Templo IV. Aqui es donde encontrará la mejor vista. 
-Se recomienda llevar un box lunch. No se vende comida dentro del área de las ruinas, que está a 20 min. de los restaurantes. Ventas de bebidas se encuentran en la Gran Plaza y Templo IV.
-Lleve repelente de insectos.
-Al amanecer es cuando hay mejor oportunidad de ver animales y aves. Templo IV es el mejor lugar para estar en la madrugada. Este es el lugar donde se toma la foto especial de los templos III, II y I sobresaliendo de la selva, con el amanecer en el fondo. Es común ver niebla densa en el area, que tambien resulta en una foto especial.
-No te olvides de ver las dos máscaras gigantes en la Acrópolis Norte en la Gran Plaza.
-Hay muchos animales dentro del parque. Camina despacio y atento a monos y/o pájaros.
-Cuando salgas de las ruinas, visita el pequeño museo cerca de los hoteles. El costo de entrada es Q15 y vale la pena. El centro de visitantes tiene un museo gratuito que tiene estelas y fotos de restauración.

Llevar:

-Camara y baterias
-Gorra/sombrero y protección solar
-Repelente de insectos
-Un mapa (si lo tienes, pero no es necesario)
-Capa para la lluvia
-Prismáticos
-Una linterna para explorar cuevas entre las ruinas
-Los telefonos celulares funcionan en la cima de algunos templos



Datos sobre Tikal:

-El area del parque: 576 kms. cuadrados (222 sq. mi., 125,000 sq. acres)
-El area donde se encuentran las ruinas es de aproximadamente 24 kms. cuadrados. El 80% de las ruinas no estan excavadas. Solamente 30% de las ruinas han sido senalizadas con mapa

-Tikal fue declarado un Parque Nacional por el gobierno guatemalteco en mayo de 1955, y un monumento nacional en 1970. Fue el primer parque nacional establecido en Centroamerica.

-El nombre "Tikal" significa "Lugar de las Voces" en lenguaje Maya. 

En su apogeo durante el periodo Clasico, alrededor de 500DC, Tikal tenia una poblacion de 50,000 a 100,000 habitantes. Muchos lo consideran la ciudad gobernante principal de la Civilizacion Maya. Por razones que aun no se saben, Tikal empezo a decaer en 870DC, y fue abandonado por completo a finales de 900DC.

Tikal tiene alrededor de 3,000 estructuras, incluyendo templos, palacios, altares, residencias, juegos de pelota, terrazas, calzadas y plazas, la mayoria conectadas por medio de acueductos y cisternas para retener agua. En la plaza principal se encuentran estelas elaboradamente talladas con glifos e imágenes que cuentan historias sobre los gobernantes de la era. La parte restaurada de Tikal consiste de nueve grupos de plazas. Hay 5 templos principales: Templo I o Templo del Gran Jaguar, con una altura de 44 mts, Templo II o Templo  de las Mascaras, con 37 mts, Templo III o Templo del Sacerdote Jaguar, con 60 mts, Templo IV o Templo de la Serpiente de dos Cabezas, con 70 mts, y el Templo V con 59 mts.

Desde su descubrimiento en los anos 1800, arqueólogos de todo el mundo han hecho excavaciones en Tikal. Algunas estructuras estan casi totalmente restauradas, pero la mayoria estan cubiertas de tierra y árboles. Despues de que los Mayas abandonaran Tikal, la ciudad fue retomada por la selva. Hasta hoy se hace un gran esfuerzo para que las ruinas no sean recubiertas por la selva. Mas de 285 tipos de pájaros, monos, jaguares, pumas, tapires, venados y muchas otras especies protegidas habitan aqui. Cientos de tipos de orquideas y mas de 30 tipos de maderas preciosas se encuentran aqui. Entre los tipos de arboles se encuentra el zapote, del cual se extrae el chicle, la Ceiba, el arbol sagrado de los Mayas y mas de 25 otras maderas preciosas. Tikal es sin duda un paraiso para observar aves, uno de los mejores lugares de Centroamerica. 


Los animales que mas se miran (y escuchan) en Tikal es el mono Araña, mono Aullador, Pizote, Tucan y Pavo Ocelado. En muy raras ocasiones se ven jaguares. No encontraras aquí el Quetzal, ave nacional, que en Guatemala solo se encuentra cerca de Coban.

Amanecer en Tikal

Una experiencia unica, el ver un amanecer en la cima del Templo IV es algo inolvidable, al ver la niebla subiendo de los templos y la selva "despertándose". En años anteriores, el acceso al parque antes de las 6:00 am para ver el amanecer era permitido en el parque. Ahora ya no se permite la entrada al parque antes de las 6:00 am, al menos que este hospedado dentro del parque. 

Hoteles en el Parque Nacional Tikal

Solo hay 3 hoteles dentro del parque. Todos se encuentran cerca del estacionamiento y centro de visitantes. 
-Jaguar Inn (bungalows con 12 habitaciones)
-Tikal Inn (15 habitaciones)
-Jungle Lodge (40 habitaciones) 
Es mejor hacer su reserva con bastante tiempo de anticipacion. Todos los hoteles estan a 20 min. a pie de la Gran Plaza, y a 35 min. del templo IV.


Transportation de/a Tikal 
Minibuses colectivos operan en la ruta Tikal-Flores a diario. Hay varios tipos de minibuses turísticos que van o vienen de Tikal cada 30 min o 1 hora. Algunos de los minibuses colectivos tambien transportan gente local y normalmente van muy llenos y hacen muchas paradas. Otros transportan a turistas y no van tan llenos. Podéis esperar en la carretera principal y tomar uno de estos minibuses. 

Muchos hoteles venden billetes de minibus para Tikal, especialmente durante las mañanas. 





También en los días que pasamos en el Petén visitamos las ruinas de Ceibal que se encuentran al sur de Flores. El recorrido en colectivo hasta la población de Sayaxché es de unas dos horas si no te pasa lo que nos ocurrió a nosotros y es que cada cuarto de hora teníamos que parar a colocar en su sitio los bornes de la batería del vehículo que saltaban constantemente debido a la ingente cantidad de baches de aquella especie de camino de cabras. Una vez en esta pequeña población tomas una embarcación que te transporta por el río de la Pasión durante dos horas hasta las ruinas.



Esta vez tuvimos buena suerte y tomamos una lancha rápida que redujo el tiempo del recorrido a unos cincuenta minutos.



Al llegar al embarcadero de las ruinas una caseta de madera muy destartalada te advierte que estás en una reserva arqueológica del país pero nada más se aprecia un angosto sendero que escala la montaña y que no comienza a hacerse ancho hasta medio kilómetro adelante. en realidad andas y andas y no ves más que selva y un par de edificios restaurados que no son gran cosa y el resto son piedras y estelas dispersas entre la vegetación. Lo interesante del lugar es que todavía se encuentra casi todo como lo encontraron los arqueólogos. La sorpresa nos la llevamos cuando vimos una maqueta que tienen montada junto a las casitas de los vigilantes que reconstruía en pequeña escala la antigua ciudad de Ceibal y su gran puerto fluvial. El complejo era enorme, los dos edificios que habíamos visitado se hallan bastante alejados entre sí, en cambio en aquella maqueta se encontraban a poca distancia en comparación a toda la cantidad de construcciones que los rodeaban.




Aquella maqueta era lo mejor de la visita a Ceibal y la estuvimos estudiando bastante rato imaginándonos aquella gran urbe en plena actividad y esplendor. Pero la realidad actual es otra, y nos volvimos al embarcadero viendo algún que otro trozo de piedra que te recordaba que alguna vez hubo allí una gran ciudad. Íbamos bebiendo de una botella de agua cuando vimos un grupo de gente de unas seis personas que formaban un corro alrededor de algo. Ya es curioso ver gente por aquí pero más en esa actitud por lo que nos acercamos a donde estaban. Al llegar vimos a un chico agachado entre ellos y que les daba unas explicaciones mientras metía un palito en un agujero que había en el suelo. Después de hurgar con el palo dibujando círculos lo retiró de repente y a su estela salió rápidamente una tarántula del tamaño de un puño, pero de un gran puño.





Madre mía, el corro se dispersó en milésimas de segundo, y la araña volvió a meterse en su guarida esperando a una auténtica presa. Volvió a repetir la operación pero esta vez la tarántula se sintió como una gran superstar al salir del agujero pues le esperaban unos cuantos flashes de cámaras fotográficas que no querían perderse el retratar aquél enorme arácnido. En fin, me alegró llevar puestas mis botas para andar por aquél sitio.
Retrocedimos lo caminado, navegado y conducido y llegamos de nuevo a Flores donde nos quedamos un par de días más recorriendo sus calles y navegando en el lago Petén-Itzá y visitando los pueblos de las orillas. La isla de Flores fue fundada por los itzaes tras ser expulsados de Chichén Itzá y la bautizaron con el nombre de Tayasal. De los restos de Tayasal no queda nada porque la población moderna se construyó sobre las ruinas que destruyeron los soldados españoles. En la actualidad viven unas 2000 personas en la isla supongo que porque no caben más, por lo que están creciendo los pueblos de los alrededores como Santa Elena. Para pasear por el lago tienes que ir al embarcadero y pactar el precio del paseo con el dueño de una barcaza. Hay tres puntos turísticos donde ir, la laguna de la Guitarra y Petencito, a los asentamientos de San Andrés y San José, así como al biotopo Cerro Cahuí. Petencito es una pequeña isla con una playita paradisíaca y unas cabañas en que puedes alojarte. También tiene guacamayos y loros que son los compañeros del vigilante y estanques con caimanes. Enfrente de la isla, ya en tierra, hay un pequeño zoo muy bien surtido de animales y en cuyo interior se halla la Laguna de la Guitarra que se llama así por el idéntico parecido que tiene con el instrumento clásico español. El día puede ser redondo si lo haces con el buen sol que caracteriza a estas latitudes, la barca se convierte en una hamaca donde tomas el sol mientras el barquero te lleva de un punto a otro del lago.
Una vez en el hotel decidimos que a la mañana siguiente marcharíamos a Ciudad de Guatemala, la cuestión era decidir de qué manera. Una opción era en autobús que se tarda unas doce horas en llegar, por caminos llenos de baches y sin asfaltar con el riesgo que le supone a una mujer embarazada de casi tres meses como estaba Marta, y añadiendo el peligro de la guerrilla atrincherada en la selva del Petén. Otra opción era ir al aeropuerto y coger un avión que tarda 50 minutos, je, je!, la cosa estaba clara. Salí a mirar alguno de los locales que habíamos visto por el pueblo en los que te vendían excursiones y viajes, y la verdad es que me sorprendieron los precios, estaban bastante baratos. Además había vuelos para hoy mismo y si nos dábamos prisa podíamos coger el de las 15:30 en el que había plazas.




Preparamos las mochilas y nos fuimos en taxi al aeropuerto donde a esa hora cogimos un antiguo avión ruso de quince plazas que parecía mentira que ese trasto pudiera volar.





ALTOS DE GUATEMALA



Durante casi una hora pudimos divisar desde el aire la deforestación que está sufriendo esta selva de Centroamérica. Enormes parches van surgiendo en el terreno, cada parche son centenares de hectáreas yermas y desarboladas. Supongo que será por diferentes motivos, sea para pastos del ganado, pudieran ser empresas papeleras o quizá colonos hambrientos de parcelas de cultivo, el caso es que la visión aérea es deprimente. Poco a poco la parcheada selva va dando paso a los altos guatemaltecos y conforme nos acercamos a Ciudad de Guatemala el número de edificaciones y campos roturados va aumentando. Aterrizamos en Guate cincuenta minutos después de despegar, en el aeropuerto internacional de La Aurora. El cacharro ruso había funcionado bien y al bajar no pude evitar darle unas palmaditas en su lomo de acero, nos había traído sanos y salvos a la civilización y nos ahorró unos cuantos baches y pinchazos de ruedas. La salida del aeropuerto es también una selva, pero una selva de taxistas intentando que subas en sus autos por 16$ para llevarte al centro de la ciudad. Nos los quitamos de encima como pudimos y seguimos a tres chicos que parecían guatemaltecos y que se dirigían con paso decidido hacia el exterior del pequeño aeropuerto. Seguro que eran de aquí o por lo menos habían hecho el trayecto más de una vez. Les preguntamos como podíamos ir a la plaza Mayor en la zona 1 puesto que el hotel elegido se ubicaba allí. Nos dijeron que fuéramos con ellos hasta la parada de buses localizada a un kilómetro y poco más. El autobús costaba 0´25$ y como tuvimos que hacer transbordo porque no había ninguno directo hasta el centro nos salió en total por un dólar. Económicamente habíamos triunfado pero al final no nos pareció que hubiera sido muy buena idea, los autobuses iban atestados de gente y nosotros cargábamos con las mochilas a cuestas porque los buses urbanos no tienen compartimento para maletas, además estaba anocheciendo y Guate es una ciudad de altísimo riesgo tanto de día como de noche, desde el vehículo veíamos por doquier guardias vestidos de azul custodiando bancos, oficinas pero también en hamburgueserías e incluso vimos uno en una simple mercería. Todos van armados con Franchis de repetición, parece que aquí no se andan con chiquitas.
Los autobuses municipales son realmente cutres, no tienen ventanas, todo está resquebrajado, los asientos son mas duros que una piedra, pero te llevan a cualquier parte de la ciudad por un precio módico, además hay muchos y todos funcionan hasta las diez y media, más tarde salen a la calle los denominados ruleteros que son colectivos pequeños que funcionan toda la noche hasta que salen los municipales muy temprano por la mañana. Llegamos al hotel elegido que está muy bien situado, en el puro centro de la ciudad, se llama hotel Centenario y por su aspecto lo parecía aunque muy bien conservado. Aquí nos gastamos lo del taxi más lo que sería una habitación normal típica de nuestro presupuesto, pero la situación lo requería, sólo estaríamos una noche en la ciudad y no queríamos ningún incidente tanto por el sitio que nos alojáramos como por la zona en que estuviera. La zona 1 es relativamente segura y la plaza Mayor es el corazón del país. El hotel no desbordaba en lujos y mucho menos la habitación que nos endosaron que creo que no era de las mejores, seguramente al ver el aspecto que teníamos de dos viajeros cargados con mochilas y vestimenta muy funcional debieron pensar que nos serviría la peor que tuvieran. No obstante tenían televisión por cable y hasta pude ver el telediario de España, comprobé que todo seguía igual y que los políticos continuaban discutiendo entre unos y otros intentando recolectar votos y vendiendo la imagen que más le conviene y también comprobé que algunos de nuestros vecinos del centro-norte de la península continuaban desgraciadamente con la misma cantinela que ya dura treinta años y que no creo que se acabe durante los dos meses que pasaremos fuera del país. Pero da gusto saber y ver lo que pasa en tu casa y una cosa que parece mentira que agradezcas escuchar es la ce bien pronunciada con su tono seco y su cuarto de lengua reposando entre los dientes de ambas mandíbulas y no pronunciada como si fuera una ese como lo hacen en toda Hispanoamérica, esto es un signo inequívoco de que es un compatriota el que habla.

La mañana la dedicamos a visitar la plaza Mayor que sin duda es el corazón político del país, en donde reside el Palacio Nacional con las oficinas ejecutivas de la Presidencia de Guatemala.




La plaza es de distribución colonial española con su catedral , gobierno y plaza de armas donde antiguamente formaban las tropas del ejército español. Al lado de la plaza Mayor está el parque centenario que da nombre a nuestro hotel por tanto muy cerca nos quedaba esta visita. Comenzamos por el Palacio Nacional al que accedimos sin ningún problema después de presentar nuestros pasaportes acreditando nuestra condición de turistas y pasando por un detector de metales. El palacio es majestuoso y muy nuevo pues tiene unos cincuenta y pocos años ya que se construyó para sustituir al Palacio El Centenario que sucumbió pasto de las llamas en 1925. Al vernos un tanto despistados entre el laberinto de altos pasillos y elegantes escaleras, se nos ofreció un joven guía que acababa de prestar sus servicios a un grupo de tres gringos. Nos abrió puertas cerradas que daban a enormes y hermosas salas profusamente decoradas y adornadas con grandes frescos en sus paredes. Estos frescos estaban repartidos tanto en salas como en pasillos y escaleras, en su mayoría están realizados por Alberto Gálvez Suárez y su temática es histórica ambientada en la época de la conquista. Los frescos son muy hermosos y explican capítulos notables de la conquista de Guatemala. Acabamos el paseo recorriendo los pasillos que rodean un atrio lleno de jardines y desde el que se ven todos los pisos que componen el Palacio. Salimos a la plaza y paseamos un rato por ella, descansando en sus bancos y viendo pasar a la gente. Me di cuenta de la presencia de una especie de mercadillo de libros situado en una esquina de la plaza justo delante de la catedral, allí pudimos aprovisionarnos de alguna lectura que nos amenizaría futuras horas en las habitaciones de los hostales. También visitamos la catedral de la que no se puede contar nada del otro mundo ni exterior ni interiormente. Luego nos adentramos por las calles traseras de la catedral por las que accedes al Mercado Central en el que venden todo tipo de artesanía del país. La gente de la ciudad tienen una marcada infelicidad que muestran exteriormente en sus rostros. El hacinamiento, la suciedad, la falta de higiene, el alcoholismo que hace mella en la población, la cola o pegamento que engancha a los más chiquitos, el sentimiento de peligrosidad, la gran cantidad de vehículos, etc., hace que esta visita sea rápida y que decidamos coger nuestros enseres y marchar lo más rápidamente posible de esta población y llevarnos nuestra cara de extranjeros hacia otra parte.
Regresamos al hotel después de comer un menú que nos pareció suficientemente atractivo en un bar cercano a nuestro alojamiento. En el hotel pedimos información de cómo podíamos dirigirnos hacia Antigua de Guatemala que era nuestro siguiente destino. Allí nos aconsejaron un minibús turístico que aunque mucho más caro era infinitamente más cómodo. Después de nuestra experiencia en el atestado autobús municipal del día anterior decidimos probar en este sistema de transporte que está de moda en el turismo del país dada la deficiente infraestructura que tienen, además habíamos decidido que dada la condición de embarazada de Marta intentaríamos viajar lo más cómodamente posible en adelante al menos siempre que pudiéramos elegir. Y creo que acertamos porque nos vino a recoger una fabulosa y reluciente combi roja con todas las comodidades que uno puede esperar. Tapizada interiormente, asientos individuales giratorios, lo último en acabados, qué pasada. Desde ahora estaba completamente decidido que íbamos a viajar con esta compañía, pero ¡ay amigos! Este era el gancho pues la flota de la compañía es muy distinta a la furgoneta en que viajamos hasta Antigua, luego nos enteramos que el que nos transportó era el dueño de la empresa y que nos llevó en su flamante vehículo particular aprovechando que tenía que ir hacia Antigua a realizar unas gestiones. Pero eso que sacamos en nuestro provecho y el recorrido de 50 minutos fue el más cómodo de todo el viaje.
Antigua de Guatemala era la antigua capital del país. Fundada en 1542 no se puede decir que haya sido una ciudad con muy buena suerte, la gran cantidad de terremotos, incendios e inundaciones ha hecho que se desplazase su capitalidad a Ciudad de Guatemala. Pero la ciudad continua siendo la capital para los viajeros que cruzan este bello país y la convierten en su centro de operaciones. Ubicada entre tres grandes volcanes de nombre Agua, Acatenango y Fuego continua aguantando fuerte y serena a la espada de Damocles que pende sobre ella. El volcán Fuego resulta fácil de identificar por la fumarola continua que despide. La ciudad es puramente colonial con casitas de una o máximo dos plantas todas ellas de diferentes colores. El paseo por sus calles es simplemente genial, es una de las ciudades más bonitas de América.
Preguntamos al chófer por un sitio donde alojarnos y nos recomendó la casa de una amiga suya que tenía seis habitaciones para hospedar a viajeros. Las habitaciones eran blanquísimas como toda la casa colonial, tenía tres plantas, la primera era para los huéspedes, la segunda para la familia y la tercera era un salón por el que se accedía a una hermosa terraza donde tenías una preciosa vista de la ciudad. El hotel lo llevaba la señora pero cuando llegamos había salido y nos atendió su simpático hijo de 9 años, nos enseñó la habitación e incluso nos cobró las dos noches que íbamos a pasar, todo un hombrecillo.










Salimos a pasear un rato e inspeccionar un poco el terreno. Como he dicho anteriormente hay muchos viajeros en esta ciudad, unos de paso, otros se quedan unos cuantos días, otros hacen parada en sus viajes organizados y el lugar también es un centro de estudios para el aprendizaje del idioma español, muchos estudiantes norteamericanos pasan todo un mes en la ciudad aprendiendo y practicando el idioma. Todo esto hace que en Antigua haya mucho ambiente, muchos restaurantes y bares y varios sitios con marcha nocturna, aunque conserva su clásica estética de pueblecillo colonial y no os vayáis a pensar que esto sea la movida madrileña o la ruta del bacalao. Después de visitar unas cuantas tiendas de artesanías nos dirigimos a un hotel restaurante donde nos habían aconsejado que probáramos su chocolate caliente. El lugar es frecuentado por muchos gringos y se llama Doña Luisa Xicotencatl, está muy cerca del Parque Central.



Nos sentamos en unas mesas distribuidas en un patio interior del establecimiento. Allí leímos en un tablón de anuncios el siguiente aviso en español y en inglés: “NO SUBAIS AL CERRO DE LA CRUZ, somos un grupo de veinte estudiantes extranjeros que subió con tres profesores nativos y fuimos asaltados. Intentamos huir y nos ametrallaron indiscriminadamente muriendo nuestro profesor de veinticinco años de un disparo en la cabeza”. La vista desde el Cerro de la Cruz es preciosa pero obviamente el anuncio nos quitó las ganas de subir. Recordamos lo de Chiapas, además nos informamos bien del tema y pudimos comprobar que la subida o escalada de los volcanes se puede convertir en una arriesgada odisea, te puedes encontrar con asaltos, violaciones a mujeres y a veces con la muerte. La gente que sube a los volcanes se hacen acompañar por guías nativos que van armados con pistolas y cuchillos, pero eso no es suficiente muchas veces. Lo mejor que se puede hacer si te ves envuelto en un problema como este es no hacerte el valiente y entregar todo lo que lleves, si eres un poco listo no llevaras muchos objetos de valor y habrás dejado las principales pertenencias a buen recaudo y saldrás seguramente con la cosa más preciada de todas, la vida.
El día siguiente lo dedicamos al relax, exploramos hasta el último rincón del pueblo. También contratamos en una agencia de excursiones varios itinerarios por el país, básicamente el viaje a Chichicastenango, al lago Atitlán y el trayecto Antigua-Livingston al este del país, pasando por Honduras.
Así que el domingo partimos hacia Chichicastenango, al oeste de Guatemala. El colectivo no era el del otro día, era bastante más viejo aunque no estaba del todo mal, eso sí, bastante lleno, íbamos once personas más el conductor y las mochilas. Después de dos horas de viaje llegamos al famoso mercado de Chichicastenango. Recuerda al gran mercado andino de Otavalo en Ecuador aunque el de Chichi no desbordaba tanto en colorido y era bastante más claustrofóbico. La gente de los pueblos de alrededor bajan los domingos a vender alimentos y artesanía haciendo de las calles del pueblo un gran mercado de paraditas y puestos de venta.





También se suman los comercios del pueblo y entre todos llenan de colorido la fiesta. Las plazas se convierten en laberínticos callejones artificiales donde venden desde un jersey hasta la oveja de donde salió. Todo es muy estrecho y los indígenas parece que tengan siempre prisa, apretujándose unos con otros y empujándose para ver quien pasa primero. Tú te metes entre ellos y te dejas llevar por la multitud, parece un gran hormiguero. Fuimos a parar a la iglesia de Santo Tomás y aprovechamos sus grandes y anchas escaleras para sentarnos y descansar como hacen muchos indígenas. Luego continuamos mirando los puestecillos y al final de la tarde nos dimos cuenta de algo digno de record guinnesss, sorprendentemente irreal, único, irrepetible, no compramos nada. Sí, sí, no compramos nada, increíble. La verdad es que vamos muy cargados de equipaje pero esto es realmente una proeza. Es casi imposible resistirse a los tapices andinos, tejidos bordados, tallas en madera, bisutería folklórica y otras artesanías, pero lo hicimos y nos fuimos del pueblo con las manos vacías pero con la retina llena de maravillosas imágenes. Nuestra siguiente parada era el lago Atitlán.


El lago Atitlán reposa rodeado de montañas como un gran cráter volcánico. Se elevan tres majestuosos volcanes de nombre San Pedro, Tolimán y Atitlán, este último de 3537 metros y dá el nombre al hermoso lago.




La carretera comienza a descender vertiginosamente, el trazado es muy irregular y lleno de curvas. Durante el descenso una densa niebla descansaba sobre el lago tapándolo casi por completo. Sólo eran visibles las orillas. En ellas se ubican varios pueblecitos entre ellos Panajachel que es hacia donde nos dirigíamos.
A Panajachel le llaman gringotenango pues es el pueblo preferido de los turistas y viajeros. Ya en los años 70 fue un paraíso para los hippies y todavía hay algunos de ellos que se resisten a que el tiempo borre su recuerdo, aunque la mayoría marchó después del terremoto del 78. El lugar se podría describir como un gran mercadillo permanente de paradas de artesanía destinadas al turismo, sobre todo en la calle que desemboca al pequeño puerto.






El pueblo está muy concurrido, el lago merece la pena y es una de las grandes atracciones turísticas de Guatemala. Miramos unos cuantos hospedajes y nos alojamos en el que nos pareció más a nuestro gusto pues Panajachel iba a ser el centro de operaciones de nuestras visitas en la zona. Por la noche salimos a cenar y localizamos una brasería al aire libre que la llevaban dos hermanos argentinos. Cuando hay carne para comer y hay argentinos por medio la cena es seguramente deliciosa. No hay mejor carne que en Argentina, os lo aseguro. Durante la cena nos pareció oír hablar en español a una pareja de extranjeros que estaba en una mesa cercana aunque no entablamos conversación.
Al día siguiente partimos hacia Quetzaltenango y sus alrededores. La furgoneta que nos fue a recoger al hotelillo iba a ser para nosotros solos pues no había nadie más para hacer esta excursión y como habíamos pagado todo en Antigua nos tuvieron que llevar. Íbamos bien anchos y esto aquí es todo un lujo. Hicimos una parada en una fábrica de vidrio artesanal, un grupo de trabajadores lo metían en el horno, soplaban el cristal y lo moldeaban, todo ello lo más rápido posible y sin parar ni un instante. Habrían unos treinta trabajadores. Continuamos hacia el pueblo de Zunil pero una vez en las afueras del pueblo tomamos una carretera que comienza a subir montaña arriba. A la derecha de la carretera va apareciendo conforme subes en altura un vertiginoso precipicio, al otro lado del valle vigila la ascensión un majestuoso volcán de estrecho cono de ceniza. La verdad es que no se cómo se llama el volcán pero estamos en un país con decenas de volcanes y uno se pierde. Esta zona montañosa del occidente guatemalteco es la continuación de la Sierra Madre de Chiapas, son formaciones volcánicas que casi llegan a los 4000 metros o en el caso del volcán Tajumulco de 4220 metros. Muchos de estos volcanes están activos y la zona es muy sísmica. También es muy fértil y la vegetación que nos rodea es auténticamente tropical. Tras nueve kilómetros de ascensión llegamos a las fuentes termales Georginas, el conductor nos indica el camino hacia ellas y se queda platicando un rato con el vigilante que cuida el lugar. Las fuentes termales salen a chorro de cascada de la pura montaña y caen en un estanque que ha sido modificado artificialmente para contener sus aguas y facilitar el baño en sus tórridas aguas. El pestazo de azufre tumbaría a cualquiera pero el vientecillo fresco de las alturas dándote en tu cuerpo desnudo hace que en décimas de segundo te metas en las aguas.



El gozo es indescriptible, es un jacuzzi natural en plena montaña. Estuvimos retozando en el agua hasta que se nos arrugó la piel y decidimos que era suficiente, así que nos vestimos y volvimos a la furgoneta. En el descenso adelantamos a una chica que bajaba caminando por la carretera. Era Heidi en persona bajando por la montaña después de ver al abuelito. Pelirroja, blanca de piel, pecosa y la cara roja como un tomate. Cargaba su mochila y llevaba una flor adornando su gorrito de lana en forma de orinal. Totalmente patético. Después ocurren los ocasionales incidentes desagradables pero algunas extranjeras lo ponen en bandeja. Le dije al conductor si la podíamos llevar y nos respondió que nosotros mandábamos, así que le hice frenar y la invité a subir. Ella aceptó y la llevamos hasta Zunil. Allí dejamos a esta intrépida e inconsciente jóven canadiense y nosotros nos adentramos en el pueblo.
Zunil estaba en fiestas pero de esas que se celebran una vez al año. Estaba todo abarrotado, lleno de coloridas procesiones. Nosotros nos dirigíamos a la plaza central donde se ubica la pequeña iglesia pero nos fue imposible por el camino habitual. Optamos por rodear el pueblo e ir por el otro lado del río pero nos vimos también inmersos en otra procesión y nos dejamos llevar por su lenta velocidad y decidimos formar parte de ella saludando a toda la gente que se apilaba a lo largo de la calle.





Todo el mundo iba con sus mejores trajes, las mujeres vestidos de infinitos colores y los hombres con el sombrero típico vaquero y de color blanco.


Con cierta dificultad llegamos al aparcamiento, allí continuamos andando hasta la plaza principal que estaba completamente abarrotada, llena de atracciones de escala infantil. Había una especie de tiovivo con coches de madera y columpios. Los niños se lo pasaban en grande. También habían paraditas que vendían papas fritas, nubes de algodón y palomitas.



Hasta una procesión con un carro desde el que tiraban infinidad de caramelos y pelotas de plástico. Ay si te cae algo de eso cerca de ti porque aquello era el sálvese quien pueda y todo el mundo se tiraba para ver si cogían algo. El interior de la blanca iglesia me recordó a San Juán Chamula por las velas y cánticos mayas pero sin la personalidad característica que tiene la de Chiapas. Aquí si que pude hacer fotografías en el interior y aproveché para tener el recuerdo de esos curiosos templos. Al salir continuamos entre la multitud festiva, en una plaza bailaban una especie de sardana, todos los participantes se cogían de la mano formando un corro y en el medio siempre uno de ellos bailaba solo hasta que otro le relevaba. Todos iban con caretas y disfrazados. Estuvimos observándolos un rato mientras nos comíamos una bolsa de papas o patatas fritas y un refresco. Se hacía tarde y todavía faltaba visitar Quetzaltenango. Decidimos marchar hacia la ciudad aunque una vez que llegamos allí pudimos observar que era una ciudad grande y que con un paseo por el centro era más que suficiente pues el resto carecía de interés. Aprovechamos para ir a descambiar dólares americanos por quetzales ya que no lo hacíamos desde Guate y ya estabamos casi pelados.
Llegamos a Panajachel con tiempo de ver la puesta de sol en el lago Atitlán.


Muchos viajeros aprovechaban esta hora para fotografiar el fenomenal colorido de la puesta tras los volcanes. Entre ellos conocimos a dos madrileños que llevaban hecho un carrete y medio de fotos, estaban enamorados del volcán San Pedro. La verdad es que es un cono de ceniza perfecto, maravilloso, pero no se si para hacerle tantas fotos. Además hacían pruebas con filtros de diferentes colores, nos dejaron un filtro rojo y probamos con nuestra cámara. Comenzamos a conversar de nuestra estancia en el país y nos comentamos los recorridos que íbamos haciendo. También bromeamos con el dichoso futbol y con los tópicos que surgen de la rivalidad de nuestras ciudades o regiones y viendo que nos lo pasábamos bien decidimos tomar unas copas en el bar que está junto al lago. Allí estuvimos hasta que anocheció totalmente y nos invitaron a que cenáramos con ellos y con una pareja de navarros que habían conocido el día anterior, aceptamos y nos dirigimos hacia el restaurante. Resultó ser el de los argentinos y la pareja de navarros era la misma del día anterior a la que oímos hablar en castellano. Eran también una gente muy maja y la cena fue muy amena por lo que decidimos salir un rato por la noche. Comentaron que había un bar con hora feliz, es decir, que tomando una copa te daban otra gratis. Fuimos hacia allí. Era una terraza situada en la planta de arriba de la casa y que daba a la calle principal. A la una y media de la madrugada cerraban después de habernos insistido unas copas antes que era el último ron que nos servían. Al bajar a la calle quisimos continuar pero nos dimos cuenta que todo estaba oscuro y desierto, ¿aquí no hay fiesta?, pues no la hay. Nos despedimos después de burlarnos de la marcha hippie del pueblo, estos no deben ser los de los 70.



Hoy tocaba un paseo por el lago, lo más importante era que hiciese buen tiempo, así que nada más despertarme dí un bote de la cama hasta la ventana, corrí la cortina y ¡perfecto! hacía un sol estupendo y ni una nube en el cielo. Ideal para recorrer los pueblecitos a orilla del lago mediante una embarcación que salía de Panajachel. Normalmente iba a tres pueblecitos. El primero San Pedro en la falda del volcán del mismo nombre. El segundo Santiago bajo el volcán Atitlán y el último era uno vecino de Panajachel. En el barco conocimos a una vasca que se llamaba Inma. Era una viajera solitaria, amante de ver cualquier parte del mundo como todo viajero que se precie. Su curriculum viajero era largo, al acabar la carrera marchó seis meses sola a conocer China, Tailandia e India. También viajó por Birmania, Vietnam e Indonesia durante dos meses. Cruzó el Yemen en 4x4. Países del norte de África. Dos meses en Australia y ahora otros dos en Centroamérica recorriendo Méjico, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, este último viaje acababa de comenzarlo. Me encanta conocer gente así. Hablando de los viajes ya estabamos llegando al primer pueblo en el que paseamos un rato y compramos fruta en el mercadillo. Después fuimos a Santiago. Desembarcamos y nada más hacerlo nos rodeó una legión de niños a vendernos cosas.



Nos dimos cuenta que había un helicóptero a unos cuatrocientos metros que estaba rodeado por gente. Había venido algún político al pueblecito. De repente sus aspas comenzaron a girar, cada vez más rápido hasta que comenzó a elevarse. Se formó una nube de polvo inmensa a la que se sumó la que formaron el centenar de personas que comenzó a correr como una manada de bisontes desbocados hacia todas direcciones, incluso algunos tropezaron y cayeron al suelo. El helicóptero finalmente despegó y desapareció de la zona. Nos despertó de esta visión surrealista el grupo de niños que nos insistía en vendernos un submarino amarillo si hacía falta y además querían llevarnos a ver a “Maximón”. Que ¿qué es eso?, pues una tomadura de pelo. Andas calle arriba hasta el final del pueblo y en un pequeño callejón te encuentras con una casa rodeada de incienso. Allí te hacen pagar 5 quetzales si quieres ver a Maximón y 5 más si quieres fotografiarle cosa que no hicimos. Las chicas se enfadaron y no quisieron entrar pero mi curiosidad pudo más y pagué los 5 quetzales. En el interior te encuentras a Maximón, un maniquí con un puro en la boca y un gran sombrero guatemalteco, vestido típicamente del folklore de Santiago. Todo está rodeado de velas e incienso y un tipo rezando palabras abstrusas entredientes que suponían ser alguna oración, patético. Los niños continuaron detrás de nosotros hasta que les dimos una bolsa de caramelos y se quedaron discutiendo entre ellos a ver a quien le tocaba más. Inma se quedó en Santiago y nosotros continuamos hacia el último pueblo. Era una aldea preciosa, construida en la montaña y con el lago y sus volcanes frente a ella.
Por la tarde recogimos las mochilas del hostal y nos fuimos en colectivo de nuevo a Antigua. Le pedimos al chófer que nos dejara en la casa en que dormimos unos días antes, la de la mujer y su hijo de 9 años. Tuvimos suerte y tenía una habitación libre así que descargamos nuestro equipaje y pasamos la noche allá.




CAMINO A HONDURAS



Habíamos decidido días antes contratar este viaje que nos llevaba a Honduras para luego retornarnos a Guatemala. Por tanto descartamos definitivamente una ruta alternativa que tenía planeada anteriormente que consistía en cruzar El Salvador y ver una ruina maya del país, una vez en Honduras ir hasta Tegucigalpa y luego girar hacia el oeste dirección Copán para más tarde cruzar de nuevo la frontera guatemalteca. Nos echó para atrás noticias que leímos en los periódicos sobre hechos ocurridos en El Salvador. Las últimas semanas grupos de asesinos se dedicaban a exterminar familias enteras de campesinos. La última murieron seis personas, cuatro de sus miembros menores de seis años, horrible. Además dado que la ruina maya no es nada del otro mundo decidimos olvidarnos del país aunque supongo que no habríamos tenido ningún incidente.
A las tres de la madrugada estabamos en pie para partir hacia Honduras. Salimos del alojamiento y nos dimos cuenta que a esta hora ya han puesto las calles, es increíble. La furgoneta nos recogió a las cuatro y portaba en su interior seis pasajeros. Esta vez hemos tenido suerte y no nos han recogido los primeros, a esta hora hubiera sido mortal. Si hubieseis visto la cara que llevaban de sueño aunque supongo que la misma que nosotros. Dos de los pasajeros eran una pareja de japonesas que iba durmiendo. A estas horas es normal que duerman pero algo muy curioso de los japoneses es que aprovechan cualquier momento libre del día para dormir. Un autobús de japoneses en un trayecto de un punto a otro más parece un dormitorio con ruedas que un vehículo. Mientras empieza un acontecimiento o espectáculo duermen. Si van en tren, duermen. Si esperan a alguien y pueden sentarse, duermen. En fin que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son.
Hicimos una parada en Ciudad de Guatemala para recoger a dos fotógrafos italianos que se dirigían a Honduras y Nicaragua. Paramos a desayunar a mitad de camino, las japonesas se despertaron por fin. Desayunamos huevos fritos con frijoles, aguacate y arroz blanco, tostadas y café con leche, un buen desayuno para reponer las fuerzas del viaje. Continuamos y a las 10:30 llegábamos a la frontera de El Florido, casi siete horas después de iniciar el trayecto. Bajamos y nos metimos en aquella caseta de madera a pasar el control de pasaportes y pagar los impuestos de salida, unos tres dólares por persona. Salimos con los pasaportes sellados y nos dirigimos hacia la caseta situada a cincuenta metros de la anterior y que pertenece a Honduras. En el camino se nos cruzaron unas cuantas gallinas, es curioso y surrealista si pensáramos en una frontera occidental cualquiera pero aquí es de lo más normal.


En la frontera de Honduras nos sellaron el pasaporte y de nuevo tuvimos que pagar seis dólares más. Lo mejor de todo es que volveríamos seis horas después y nos harían pagar igualmente en cada puesto fronterizo.



Seguimos hasta las ruinas llegando casi al mediodía.


Copán no es tan impresionante como sus émulas Chichén, Uxmal, Palenque o Tikal pero no dejan de ser impresionantes. Lo más bonito es su juego de pelota y sus estelas.



Dicen que la visita se debe realizar en dos días pero a nuestro parecer con un día es más que suficiente. Así que para la noche ya habíamos regresado a Guatemala. Dormimos en un motel con casitas unifamiliares muy cómodas y al día siguiente partimos hacia el recinto arqueológico de Quiriguá. Nuestro conductor se llamaba José y los dos días que pasamos en el vehículo los dedicamos a charlar del país y de otras cosas. José estaba muy orgulloso de Guatemala, decía que era el país más lindo de América. Disfrutaba mucho con su trabajo, le encantaba conocer gente nueva y charlar con ellos, básicamente en eso consistía su trabajo a parte de conducir. José nos llevó a visitar una empresa platanera, nos enseñó los campos, atravesados por cintas mecánicas que transportan la mercancía hasta la casa en que los lavan y empaquetan.


Fuera esperan pacientes una flota de camiones que conforme van llenando sus remolques parten a transportar las bananas hacia el destino que les corresponda. Quiriguá se halla cerca de esta bananera y todo el recinto está rodeado por plantaciones excepto un lado en el que se extiende un gran bosque tropical. Estas ruinas son muy famosas en la Ruta Maya no solo por el número de estelas que posee sino por el tamaño de las mismas, llegando a medir la más alta unos 10,5 metros. Todas están cubiertas por un tejado artificial confeccionado con plantas secas y de forma piramidal apoyada su base en cuatro palos gruesos. Su función es guarecerlas del agua para que sus dibujos o grabados no vayan desapareciendo con el paso del tiempo. Nos apremiaba la visita porque comenzaban a picar fuerte los mosquitos, estos zancudos andan por toda la región, además estaba lloviendo como de costumbre en la zona.
Continuamos la carretera del Atlántico y en la Ruidosa nos desviamos en dirección a Flores (Petén) pero nos quedamos en la población de Río Dulce después de recorrer 34 Km. para llegar hasta Flores hay bastantes más kilómetros. Río Dulce también es conocido por Fronteras o El Relleno. La combi nos dejó en el pequeño embarcadero del pueblo donde se apilan unas cuantas motoras esperando alquilar sus servicios. Un olor a pescado frito inundaba la callejuela que daba al puerto, había una mujer friendo el pescado en una parrilla y lo vendía a trozos por unos cuantos quetzales. Enseguida nos asaltaron los conductores de las motoras ofreciéndonos buenos precios para ir a Livingston, después de regatear un poco pactamos el precio final el que nos incluía retroceder un poco en dirección al lago Izabal y visitar el castillo de San Felipe. La única manera de llegar a Livingston es por el río o por mar, no hay ninguna carretera ni camino.



El castillo de San Felipe se ubica en el estrecho que separa el río Dulce del lago Izabal. Fue construido en 1652 para contener y cortar el paso a los piratas que desde el mar caribe remontaban el río Dulce y saqueaban las poblaciones a orillas del lago Izabal. En 1686 los piratas capturaron el castillo y lo quemaron. A finales del siglo XVIII los piratas desaparecieron y el castillo pasó a ser una prisión. Ahora es una excelente atracción turística que nos recuerda la época colonial española. Rodeamos el castillo con la lancha, todavía se ven algunos cañones en los merlones de las almenas, eran pequeños pero debieron de ser muy efectivos. Después cambiamos el rumbo hacia río Dulce pero antes de dejar la población llenamos el depósito del motor de la embarcación puesto que el camino es largo y además la lancha va muy rápido y traga mucha gasolina.
Comenzamos el recorrido a toda velocidad, el río era relativamente ancho pero al cabo de unos kilómetros empezó a ensancharse y entramos en la parte que llaman El Golfete, que no es más que un lago que forma el río. En una de las orillas se encuentra el Biotopo Chocón-Machacas donde puedes desembarcar y dar un paseo por la selva admirando su rica flora y fauna. No paramos puesto que Livingston todavía quedaba lejos. En el lago hay bastantes manglares donde reposan toda clase de pájaros. Después el río se va estrechando de nuevo. El barquero se dirige a la orilla que deja una montaña espesa en vegetación. De sus paredes nace una cascada y conforme nos vamos acercando un olor a azufre envuelve el ambiente. El barquero nos propone un baño en las aguas termales pero no aceptamos porque no nos apetece. Metimos la mano en el agua y pudimos experimentar lo caliente que salía. Avanzamos unos metros con la barca y el agua volvía a estar fría. Nos recordó a las fuentes georginas pero indudablemente estas eran más salvajes. A partir de aquí nuestros ojos se concentraron en ver si podíamos divisar algún Manatí o vaca de mar. Estos animales son huidizos, no les gusta el sonido del motor y tampoco teníamos mucho tiempo para ir apagándolo y esperando a ver alguno, así que lo dejamos para los cayos de Belize en donde pudimos ver unos cuantos.
Más tarde nos adentramos en una garganta donde el río se vuelve más estrecho y sinuoso. El barquero paró la lancha y empezó a dar gritos para escuchar el eco, el tío se lo pasaba en grande y nos preguntaba el país de donde procedíamos para después lanzar un impresionante berrido articulando el nombre del país. Luego reían él y su hijo pequeño que le acompañaba y comentaba que seguro que le oyeron nuestros compatriotas de allá. Pero eso no fue todo, el hombre nos animaba entusiasmado a que berreáramos nosotros también y he de reconocer que después de insistir lo consiguió. Hala, a gritar Guatemala como poseídos en mitad de un río perdido del golfo de Honduras. Cuando se cansó del espectáculo puso en marcha el motor y continuamos zigzagueando el río entre las gargantas. Cuando salimos de aquel minicañón el río se fue ensanchando y ya divisamos el mar caribe. En el margen izquierdo del río aparecieron unas casas que anunciaban la llegada a Livingston.
Livingston o pequeña África como le llaman los guatemaltecos por tener la población mayoritariamente negra, es la puerta al caribe de Guatemala. Aquí todo es diferente, las casas, las playas caribeñas (aunque son mejores las de Belize) y el reggae. Aquí Bob Marley es una religión. Su historia es simple, unos esclavos africanos escaparon de los ingleses y se refugiaron en la isla de Saint Vincent y más tarde en Roatán en la costa hondureña. Allí se dispersaron por Belize, Livingston, la costa de los mosquitos en Honduras y Nicaragua. Todos estos negros son garífunas. Y unos cuantos niños de ellos nos vinieron a dar la bienvenida cuando desembarcamos en el puerto de Livingston después de haber navegado casi tres horas. Pero la bienvenida no era altruista, cada uno de los niños nos quería llevar a un hotel diferente. Vista la situación y viendo que nos vencía su persuasión optamos por ir con el que nos indicara el hotel mas cercano. Uno nos señaló el primer edificio que encontrábamos subiendo al pueblo y decidimos acompañarle y echar un vistazo. El hotel era muy básico pero todos los alojamientos del pueblo lo son, incluso mucho peores. Decidimos quedarnos y el niño nos pidió una propina por habernos abierto los ojos y habernos traído a ese lugar paradisíaco del caribe, en fin, le dimos una propina al caradura y recibió otra del dueño del hotel tras lo cuál marchó rápidamente. La habitación era un desastre aunque estaba limpia que básicamente eso es lo que nos importa. Después de acomodarnos fuimos a recepción y preguntamos a la mujer que debíamos hacer para contratar una barca que fuera a Belize, nos dijo que nos dirigiéramos al embarcadero y preguntáramos precios a los barqueros. No nos dejaron ni llegar, cuando empezamos a bajar la calle ya nos entró un chico blanco preguntándonos a dónde queríamos ir, si a Río Dulce, Puerto barrios o Belize. Le preguntamos que cuanto nos cobraría por ir a Belize y nos dio mejor precio del que nos pronosticó la mujer del hotel, por tanto aceptamos. Nos dijo que saldríamos al día siguiente y nos aconsejó que lo primero de todo fuéramos a la caseta de inmigración a que nos sellaran el pasaporte para poder dejar el país. Nos acompañó el personalmente, primero a sacar el billete y luego a la caseta donde presentaríamos el pasaporte. Estaba en mitad del pueblo y se accedía por unas escaleras en las que tenías que esquivar a un rasta estirado en ellas. Una vez dentro nos encontramos a tres garífunas jugando a cartas, eran jóvenes y uno de ellos era un niño y mira por dónde que era el que nos acompañó al hotel cuando llegamos y que se estaba jugando los quetzales que le dimos en la timba que tenían montada. El mas mayor de ellos dejó la partida y comprobó nuestra documentación, nos miró y nos pidió los quetzales de rigor mientras empuñaba el tampón esperando cobrar para dejarlo caer y grabar el imprescindible sello para salir del país. Pagamos y selló. Nos despedimos del chico hasta el día siguiente y paramos a comer algo en mitad del pueblo. El trazado del pueblo casi era lineal, todas las casas daban a la calle principal la cuál se iba amoldando al relieve de la costa. Todas las casitas eran de diferentes colores, algunas eran tiendas y otras hoteles, viviendas y restaurantes. En uno de ellos comimos algo y más tarde nos fuimos al hostal. Nos quedamos un rato hablando con la propietaria que era indígena. Era una mujer mayor de largos cabellos trenzados y canosos, nos dijo que era maestra y la verdad es que se notaba por la forma de expresarse, además su voz era dulce y pausada, fácil de escuchar. Por tanto la conversación fue afable y muy enriquecedora ya que nos habló de curiosidades de la zona. Lo que más nos sorprendió era su preocupación por el racismo de los negros, decía que se querían hacer dueños del pueblo aunque de hecho ya lo eran, traficaban con droga y con otros asuntos, que solo querían escuchar reage y ganar dinero fácil. También nos dijo que en Belize ocurría lo mismo. En cierta manera la opresión sobre una raza debe dar como resultado una situación como aquella al paso del tiempo.
Al día siguiente la barca partía a las siete de la mañana.


Esta embarcación hacía el recorrido entre Livingston y Punta Gorda en el sur de Belize. Sólo salía martes y viernes. En los viajes hay días de buena y de mala suerte, hoy era de era de buena suerte, era viernes y no nos tocaría esperar en ese pueblo que se ve en media hora. El único interés que tiene es su ambiente rasta y sus playas caribeñas que no están muy limpias pero que si visitas Belize ese pueblo carece por completo de interés.
Dejamos por tanto Guatemala para ir hacia Belize y más que en barca yo diría que lo hicimos en patera. La barca tenía seis o siete metros de eslora con cuatro hileras de asientos, en este espacio nos metimos quince adultos, tres niños y dos conductores y para mi sorpresa flotaba. La barca tenía dos motores pero no tenía radio y digo esto porque si falla un motor tienen otro pero si fallan los dos y no tienes radio y te encuentras en mitad del mar posiblemente no puedas llegar a contarlo si las inclemencias del tiempo no acompañan. La suerte es que me habían dicho que bordearíamos la costa y que no saldríamos a mar abierto. Salimos despacio, admirando el paisaje, pero cuando perdimos de vista Livingston el conductor comenzó a pasarnos un plástico para que lo agarráramos los que estabamos en la parte izquierda de la embarcación con el fin de que no entrara agua. Las cosas empezaban a pintar no muy bien, creo que nos íbamos a mojar un poco. Efectivamente empezó a pisar el acelerador y aquel barco corría que se las pelaba. Todo iba muy bien hasta que dejó de bordear la costa y cambió la dirección mar adentro. El oleaje iba en aumento y la barca comenzó a saltar y dar botes muy fuertes. Nosotros estabamos en la parte delantera y nos resentíamos más que los demás en cada bote que daba puesto que al chocar con la superficie del agua nos daba una buena descarga de vibraciones por todo el cuerpo. Miré a Marta y no levantaba la vista del suelo claramente preocupada, comencé a pensar que perderíamos el bebé. Entonces le hice una señal al motorista para que parara la lancha. Le dije lo que nos ocurría y rápidamente el chico que estaba sentado junto al conductor en la parte trasera le cedió el sitio y el muchacho se sentó a mi lado. Mientras estuvimos parados la barca se movía bastante y entraba agua, el oleaje era fuerte. El viento soplaba duro, la chica negra que llevaba a mi lado me iba diciendo: “windy, windy” que significa ventoso, yo le respondía afirmativamente y nuestras palabras se mezclaban con el fuerte sonido del viento. Arrancó el motor de nuevo y nos fuimos a toda máquina, continuábamos dando saltos pero Marta ya no tenía la misma cara que antes por lo que deduje que atrás no se notaba tanto. Entonces comencé a disfrutar de esta aventura de cruzar el estrecho que separa a los dos países, disfruté hasta de los botes que en otras circunstancias nos hubieran divertido desde el principio e intenté olvidar que la embarcación no tuviera radio, así que la última parte del trayecto resultó ser muy gratificante y más cuando se nos apareció la costa de Belize. Llegamos a Punta Gorda cincuenta minutos después de haber zarpado.



(todo el viaje de 1996 de 2 meses en la Ruta Maya)



Escrito por

Un licenciado en Historia que cuenta historias de viajes. "Entre los dones de la Tierra hay pocos comparables a la alegría de entrar en contacto con un nuevo país. tanto da que se hayan escrito sobre él enciclopedias enteras; cada nuevo espectador es, para sí mismo, un Hernán Cortés."

5 comentarios:

  1. Un destino de lo más apetecible! Y poco conocido! La verdad es que no sabía de nadie que hubiera estado... o no lo recuerdo ahora mismo jejeje. A tener en cuenta cuando demos el salto al Charco. Saludos!

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  2. rosa maribel salmeron roque3 de febrero de 2012, 3:36

    necesito saber como se llama el rio que divide el salvador con guatemala,muchas gracias.....

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  3. Muchas Gracias, soy Sandra de Lisboa, que rico vuestro viaje al Mundo Maya, para mi, la zona más bonita del Mundo, Gracias por compartirlo

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  4. Mi baúl de blogs1 de abril de 2012, 18:14

    Rosa Maribel, el río es uno de los ríos con el nombre más bonito de todos y que ojalá les dure muchos años a ambos países. Se trata del río Paz.
    Hola Sandra, te agradezco tus palabras y las gracias son para tí por leerlo, que esto más que un post es un extracto del librito que hice sobre la Ruta Maya, así que es de los que te lleva su tiempo.

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  5. El Banco Industrial se lucio con la aplicación para celulares Bi En Linea, ahora no tengo que ir al banco bit.ly / Bi-Enlinea 

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