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24/3/10

visita Soweto, Johannesburgo y casa Mandela

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Soweto y Johannesburgo


Dia 10 



En el vestíbulo del hotel Arkadia había un rincón con una mesa y un hombre que atendía a los escasos huéspedes que se acercaban para informarles y ofrecerles excursiones por la zona. A nosotros nos interesaba la visita de Johannesburgo y de Soweto por la peligrosidad que alertan casi todos los libros guías. Por este motivo que ya hace diez días que habíamos reservado esta salida, nada más llegar al hotel.
Cuando acabamos de desayunar y bajamos al vestíbulo nos esperaba Lucas, un tipo mayor, delgado, con cara seria pero a la vez amable, natural de Soweto.
Nos montamos en su furgoneta roja y nos dirigimos hacia su ciudad.

Soweto es un área urbana situada 24 km al suroeste de Johannesburgo, en la provincia de Gauteng (Sudáfrica). El nombre Soweto es una contracción del inglés "South Western Township" (Municipio del Suroeste). La población aproximada se estima entre los 3 y los 4 millones de personas, ya que se presume que aproximadamente el 65% de los habitantes de Johannesburgo reside en Soweto.

Durante el apartheid fue construida con el fin de alojar obligatoriamente a los africanos negros que hasta entonces vivían en áreas designadas por el gobierno para los blancos (como el área multirracial llamada Sophiatown) y fue la máxima expresión de la oposición al apartheid. Hoy en día, la población de Soweto sigue siendo mayoritariamente negra.




Una vez que pasamos por la autopista al lado de Jooburg al poco giramos a la derecha y nos fuimos introduciendo en Soweto. En seguida vimos las inmensas chimeneas de la central hidroeléctrica, tuneadas al estilo africano, que dan la bienvenida al visitante. Aquí hicimos una parada y echamos unas fotos a este lugar emblemático, famoso por sus grafittis. El mural en una de ellas refleja la cultura y la herencia de los habitantes de Soweto, mientras que la segunda se centra en el banco que financió los murales.



Continuamos la visita por las calles y rotondas del lugar hasta llegar a una zona de barracas llamado asentamiento de Elias Mutsoaledi que es uno de los asentamientos más pobres de Soweto. Se instaló en 1993 y recibió ese nombre en recuerdo de uno de los héroes de la lucha contra el apartheid, Elias Motsoaldi, encarcelado en la Isla Robben 26 años, junto con Nelson Mandela y otros líderes del Congreso Nacional Africano.

Todo son barracas que carecen de electricidad y sobreviven con generadores. Es la zona más excluida del gran Soweto y contrasta con Orlando West Y Dube que son de clase media-alta.

Es una parada dentro de la visita a Soweto donde muestran como malviven muchos de los habitantes de esta gran ciudad nacida del apartheid.



Continuamos hacia la famosa iglesia Regina Mundi, The Queen, como todo el mundo la conoce, que sigue siendo una referencia no sólo desde un punto de vista religioso sino también social. Es el símbolo de la resistencia contra el apartheid. Puede ser un buen punto de partida para indagar en bares, tiendas y garitos donde se cuecen nuevas corrientes culturales en la zona.

Todavía conserva en sus muros las balas de la guerra por la independencia, cuando los blancos entraban en mitad de las reuniones y se llevaban decenas de personas detenidas.
También tienen una virgen morena, la black madonna, que es muy venerada.


A las afueras hicimos una de las escasa compras del viaje, unas pulseras hechas de clips muy originales.


La siguiente parada fue el museo Héctor Pieterson, el cuál en un principio pensé que era un artista pero que resultó ser un héroe de la resistencia negra. Para ser honesto, yo no conocía de nada al tal Héctor Pieterson, pero el museo nos refleja al punto que puede llegar de crueldad el ser humano (no sólo los blancos) en relación a sus semejantes.


El Museo Hector Pieterson, en Soweto, se llama así por la primera víctima de la revuelta en 1976 contra el uso del Afrikaans como único idioma en las escuelas. Pieterson fue uno de los primeros niños fallecidos por un disparo de la policía durante el levantamiento de Soweto de 1976. La famosa fotografía de su cuerpo sin vida, transportado por su amigo es una imagen icónica y simbólica de la resistencia en todo el mundo.
En el museo, las secuencias de vídeo y las emotivas fotografías documentan la protesta, en la que murieron 566 escolares.


Como estabamos en el barrio de Orlando west, nos acercamos a la casa de Mandela.


La casa donde vivió Nelson Mandela antes de ser detenido a mediados de los años 60, está hoy convertida en museo. Dicen que ahora prefiere vivir en otro barrio para no cruzarse con su ex mujer Winnie Madikizela-Mandela, que se aloja en una mansión rodeada de hermosos jardines, en las cercanías. La casita es pequeña y está muy restaurada. Visitamos las estancias y firmamos en el libro de visitas unas palabras.


Dejamos Soweto en dirección a Johannesburgo.

Leyendo a Javier Reverte me doy cuenta de lo acertado de su descripción de Johannesburgo:

"África tiene en Johannesburgo la más arisca de sus ciudades. Es una urbe arrebatada a los blancos por el orgullo de los negros. Y en sus calles se respira todavía el odio. Rodeada por una dédalo de autovías de circumvalación, es una ciudad tan caótica como fea. Su centro creció en imponentes rascacielos, a imitación de Nueva York, pero apenas quedan oficinas allí: Los blancos han emigrado a los suburbios de lujo del norte de la ciudad como Sandton, y han dejado sus calles a los miserables y a los ladrones. La ciudad cuenta con el índice de delincuencia más alto del mundo. Ser blanco en Joburg, como la llaman sus habitantes, es ser un prisionero de lujo. Viven los blancos en casas amuralladas, con rejas electrificadas, sirenas de alarma, un fiero doberman en el jardín y guardias armados en las puertas. La única diversión para un blanco de Joburg es darse una vuelta por los grandes malls de las afueras, enormes centros comerciales vigilados por decenas de policías, donde puede comprarse de todo. Las calles de Joburg son una marea negra."




Quien haya estado sabrá que se le puede dar bastante la razón. Nos dimos una vuelta por la ciudad y nos dirigimos al museo del Apartheid.
La entrada es de lo más curiosa pues a mi padre y a mí nos dieron la entrada de negros y a Marta y mi madre la de blancos. Las dos entradas llevaban al mismo punto pero por diferentes caminos, de manera que lo que se pretende es que tengas la sensación que te produce el ser discriminado. Y de todo esto trata el museo, la historia del apartheid y del proceso de liberación de los negros sudafricanos. Después de haber visitado el museo Héctor Pieterson el mismo día hicimos la visita más rápido quizá de lo que el museo merecía.
Acabamos, como viene siendo de costumbre, cenando en el 41. Esta vez para despedirnos, pues mañana nos vamos a España, con un vino blanco sudafricano y una parrillada de pescado y marisco.














Postamigo

Notas desde el museo del apartheid,   de Notas desde algún lugar  

Museo del Apartheid. Memoria del odio racial    Viajes y fotografía                                          




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