Todos lo contemplábamos en silencio nada mas oíamos el barco cortando las olas y el húmedo viento que soplaba hacia tierra. Cuando arribamos al puerto una legión de invisibles mosquitos nos atacó sin dar tregua. No se veían, son pequeñísimos pero pican duro, uno tras otro. Por tanto fuimos a la carrera hacia nuestra cabaña mientras nos picaban esos pequeños pinches zancudos. Al llegar nos duchamos y nos rociamos de loción antimosquitos, nos pusimos de manga y pantalones largos y salimos a cenar fuera.

Cayos Chapel y Sant George

La especialidad en Belice es langosta y cualquier producto de mar. La langosta la puedes comer preparada de múltiples maneras y te sale relativamente bien de precio, muy bien si lo comparamos con lo que cuesta en España, también hay que decir que la langosta caribeña es mas pequeña y menos sabrosa.
El segundo día partimos a ver una colonia de manatíes. Estos animales son unos mamíferos parecidos a las focas o leones marinos pero con las aletas mas desarrolladas y tienen la peculiaridad de tener el morro muy pronunciado, también se les llama vacas de mar supongo por su enorme tamaño. Nadaron muy cerca de la lancha y se les ve la forma a través de las cristalinas aguas y de vez en cuando asoman la nariz para respirar. Eso es todo lo que se puede ver porque está prohibido sumergirse a bucear con estos animales. La reserva de manatíes está en un cayo justo en frente de Belice city, podíamos divisar la ciudad a lo lejos desde allí. Para llegar hasta allí costeamos los cayos Chapel y Sant George.

cayos Chapel y Sant George
cayos Chapel y Sant George

Después de ver a los manatíes salimos a toda velocidad mas a dentro hacia un cayito llamado Goff que es una islita de arena con una palapa o tejado de paja y algunas palmeras. La isla de blanca arena está rodeada de aguas color verde y azul turquesa y es el paradigma de la isla que todos quisiéramos tener para nosotros. Habíamos llegado al paraíso.

Allí dejamos nuestras cosas y de nuevo cogimos la lancha para hacer snorkel en los corales que rodean la isla. Marta se quedó tomando el sol en la islita, no le gusta mucho bucear y lo del tubo para respirar no lo considera como una extensión de sus pulmones precisamente.

El buceo fue genial como siempre y regresamos a la isla muertos de hambre, comimos un poco y de postre abrimos unos cuantos cocos que solo tenías que recoger del suelo.

Buceamos un rato mas y volvimos a toda pastilla con esa lancha veloz que por estos parajes es el medio de transporte ideal, aquí nadie tiene coche, todo el mundo va en bicicleta, pero la lancha aparcada en el puerto es imprescindible. Por la noche salimos a cenar langosta pero nos tuvimos que conformar con un gran pez a la brasa porque la primera se había terminado, aquí cenan muy pronto.

Cuando retornábamos a la cabaña por un sendero muy oscuro Marta dio un sobresalto señalando al suelo y asustándome bastante. Era un cangrejo de tierra gigante del tamaño de una palma de la mano extendida, estaba en posición de ataque con las extremidades superiores en alto y amenazantes. Una de las dos pinzas era extremadamente desproporcional a la otra, era enorme. La primera reacción fue pararnos y yo comenté que debía estar muerto y que lo habían dejado en esa posición algún crío jugando con el bicho pues estábamos a bastantes metros de la costa. No acabo de decir eso cuando el bicho mueve una pinza suavemente. Joder, era de verdad y hay que reconocer que el bicho acojonaba por el tamaño y la pose a lo karate kid que me llevaba.

Esa pinza debía tener bastante carne y ser muy sabrosa pero ahora solo pensaba que si ese bicho salía disparado hacia nosotros se iba a llevar una gran patada nada más que estuviera a mi alcance. Así nos quedamos los tres durante un rato, desafiándonos a una distancia prudencial, no nos atrevíamos a pasar pues estaba en mitad del camino.

De repente llegó un hombre por detrás nuestro, de aspecto hispanoamericano, le preguntamos si era peligroso pero nos respondió que sabía lo mismo que nosotros pues acababa de llegar a la isla, estaba más acojonado que nosotros y se quedó detrás nuestro parado. El cangrejo estaba quieto en mitad del camino y decidimos echarle una foto pues bien la merecía, el flash le desconcertó un poco pero cuando comencé a filmarle y activé el foco de la cámara salió disparado del sendero hacia la maleza. Esa es la diferencia entre un hombre y un cangrejo, la técnica. El cangrejo comprendió que había perdido la batalla sin que la sangre corriera, el camino estaba despejado y podíamos ir a dormir.

cayo Ambegris

En la última salida en lancha tomamos dirección norte hacia cayo Ambegris. Antes de partir fuimos a llenar el depósito de gasolina, la gasolinera estaba en el lado deshabitado de la isla que mira hacia el continente. Bordeamos la costa norte y pasamos por el estrecho que la separa de otra isla y que se llama “the Cut” o el Corte. Producido por el huracán Hattie que partió en 1961 la isla en dos, lo que queda al otro lado de el Corte pertenecía a cayo Caulker.

The Cut es el mejor sitio para bañarse de la isla pues en el resto apenas hay playa. Una vez que repostamos salimos flechados hacia cayo Ambegris. Antes de llegar hicimos unas paradas para bucear. Estuvimos nadando de nuevo con mantas y tiburones, aquí las mantas todavía eran mas amigables y confiadas que las de ayer, incluso se te montaban en la espalda cuando menos lo esperabas llevándote un gran susto que a ellas parecía complacer.

El barquero también buceó con nosotros y les dio de comer de una manera un tanto peculiar. Se ponía cabeza abajo con un pescado en la boca y rápidamente se le acercaba alguna manta que se ponía sobre su cara envolviéndole totalmente la cabeza hasta que podía coger el pez, todo un espectáculo. Los tiburones estuvieron bastante rato con nosotros en concreto uno era mas amigable que el resto aunque bastante receloso, de vez en cuando se dejaba tocar y pudimos comprobar el tacto áspero de su piel, como si tocases una hoja de papel de lija.

San Pedro, capital de cayo Ambegris

Tomamos el sol en cubierta hasta que se hizo la hora de comer y nos dirigimos a San Pedro, capital de cayo Ambegris. Paseando por sus calles nos sorprendió que el cayo no era como lo habíamos imaginado. Estaba mucho menos masificado y habían la mitad de turistas de los que pensábamos. Alguna vez pasaba un coche por sus calles sin asfaltar. Total que los cayos beliceños están hoy en día muy vírgenes y el turismo todavía no ha impactado negativamente en su ecosistema ni ha creado infraestructuras que cambien los paisajes de estas dos islas.

El resto de cayos poseen alguna casa pero en general son vírgenes por completo. A la vuelta a cayo Caulker hicimos otra inmersión y llegamos de noche. Esta vez nos duchamos con repelente de mosquitos antes de llegar a la costa así que cuando desembarcamos casi no nos picaron, pensar que es horrible verte atacado por cientos de bichitos casi invisibles que no dejan de picarte por todos lados.

Al llegar a la cabaña nos encontramos unos nuevos vecinos, la pareja de tejanos. Acababan de llegar de Belice city hoy mismo a la tarde después de pasar tres días en la ciudad. Mientras nosotros estábamos en los cayos ellos se pasaban los días vagando por esa ciudad que no hay que dedicarle mas de un día en la visita.

Les preguntamos a que se debía que hubieran estado tanto tiempo allí y nos respondieron que cuando llegamos el viernes por la noche ellos lo hicieron casi sin dinero, nada mas tenían cheques de viaje que debían descambiarlos en un banco y que tuvieron que esperar todo el fin de semana para hacerlo puesto que los bancos estaban cerrados y no llevaban tarjeta de crédito ni dólares en billetes. Como ya he dicho anteriormente en los viajes hay días con suerte y con mala suerte, estos últimos no fueron muy buenos para ellos.

De todas maneras si eres un poco precavido puedes evitar estos inconvenientes por ejemplo viajando con tarjeta de crédito Visa e incluso llevar de otra clase como American Express o Mastercard dependiendo del país, si llevas la primera no tienes porque tener problemas en casi ningún lugar del mundo. Otro consejo es planificar tu viaje y saber por las poblaciones que vas a pasar y siempre aprovisionarte de moneda del país en las mas grandes o antes de internarte en lugares poco civilizados.

Ah! Y un dato mas, en América latina normalmente cobran un diez por ciento de recargo al pagar con tarjeta de crédito, aunque eso está prohibido nosotros ya damos por perdida esta batalla y lo aceptamos aunque a regañadientes.

Salimos a cenar langosta a un restaurante que la servían de todas las maneras posibles, a la brasa, plancha, fritas, hervidas, al ajillo, empanadas, etc. Toda una gozada, nos pusimos las botas. Tanto a la ida como a la vuelta del restaurante nos guiamos con una linterna por esos senderos perdidos de la isla.
En estos momentos de oscuridad son cuando crece la actividad de los cangrejos gigantes, pudimos comprobar que lo de ayer no fue algo anecdótico. Nos dedicamos a buscarlos y no digo que vimos cientos pero sí muchísimos. Además los oyes porque cuando caminas se asustan y se mueven, como son tan grandes el ruido que hacen en la maniobra les delata.

Los enfocas con la linterna y se detienen, si te acercas te miran con sus enormes ojos desafiantes y se levantan un poco del suelo con sus patas traseras mientras mueven su gran pinza delantera, si corres en su dirección se asustan y cogen las de Villadiego.

Incluso al llegar a la cabaña comprobamos que había uno bajo las escaleras que acceden a la puerta. Desde luego ya entiendo por qué las han hecho elevadas, no me quiero ni imaginar encontrándome plácidamente durmiendo y que te despierte un bicho de estos corriendo por encima de las sábanas. Además durante el día vimos una legión de iguanas campando por la isla, se perseguían entre ellas y se metían por todos los sitios.

Volvemos a la Ruta Maya

A la mañana siguiente tomamos una avioneta para dejar los cayos y marchar al continente. El aparato debía volar directamente a Corozal como estaba previsto pero como éramos sólo dos nos llevaron a San Pedro para que nos embarcáramos en otra avioneta con más pasajeros.

Así que finalmente partimos a las 10:00 horas rumbo a Corozal. Lo mejor del viaje fue que el piloto me escogió a mí para ir de copiloto durante el trayecto supongo que por mi altura y peso pues no quiero pensar otra cosa.

Bromee con él y le pedí que me lo dejara pilotar un rato a pesar de no tener ni idea, evidentemente no lo hizo. Volar en avioneta siempre es hermoso pero cuando lo haces sobre el mar y sus islas todavía lo es mas.

 

 

Viajar por Belice hacia Frontera Corozal

Llegamos a Corozal a mediodía. El aeropuerto es muy curioso, consta de pista de aterrizaje sin asfaltar, una caseta de la compañía aérea y una especie de parada de autobuses para que cuando llueva se refugie debajo la gente.

Pero no es una parada de buses puesto que no los hay, así que tuvimos que irnos en taxi hasta el pueblo y este nos dejó en la terminal de autobuses que parten hacia Méjico de la que sólo queda el letrero.

 

El taxista nos dijo que esperáramos en un pequeño cruce que se localizaba a trescientos metros en la carretera que lleva a la frontera de Chetumal. Esperando el camión vimos aquella mujer negra embarazada con sus hijos que parecían los Dalton, sí aquellos de que hablé anteriormente refiriéndome al gran crecimiento vegetativo de esta raza.

 

Poco después llegó el autobús que nos llevaba a Chetumal. Dejábamos el país sin visitar el oeste pero las ruinas mayas que hay por allí están muy deterioradas y no merecen la pena. La única es la de Caracol que fue una gran ciudad maya y que actualmente están restaurando, quizá cuando finalicen la restauración será una de las atracciones turísticas del país pero hoy por hoy decidimos marchar hacia el norte, hacia Méjico.

 

En las fronteras te hacen bajar del vehículo para realizar las gestiones oportunas del cambio de estado. Comenzó a bajar la gente y yo recordé que el conductor no me dio ningún tipo de recibo cuando subimos y que por tanto igual nos ponía alguna pega cuando intentáramos subir después de la frontera, aquí mejor prevenir que curar.

Andaba un poco alocado buscando susodicho individuo y cuando me dispuse a descender del autobús lo hice con muy mala pata, nunca mejor dicho. Bajé dos escalones a la vez pero en vez de apoyarme con el pié lo hice con el tobillo que me torcí al instante dando de morros al suelo.

En el mismo instante me di cuenta que no me había roto el pié pero que la torcedura era bastante grave. Me puse blanco al momento, el conductor mejicano me ayudó a levantar preocupado con la caída que pareció hacerle bastante gracia a un negro que teníamos cerca por la sonrisa que le vi en la cara mientras me levantaba.

Luego me puse en la gran cola que formaban de pié todos los que intentaban cruzar la frontera. En la entrega de pasaportes ya no aguanté mas y me fui a sentar a un rincón al que llegué casi sin visión y apunto de perder el conocimiento. Quedé sentado en el suelo mientras Marta pasaba el control de la documentación.

Me recorría un sudor frío por todo el cuerpo, realmente me había fastidiado bastante. Dos guardias negros me observaban impasibles. Desde aquí envío un recuerdo a los morenos que estaban en el control de pasaportes, ninguno me ayudó a llegar al rincón pese a andar como un zombie y nadie se preocupó de preguntarme si me encontraba bien. Desde luego los negros de Belice desbordan en simpatía hacia los blancos, en fin igual tienen sus razones pero respecto a mí no me llevo un grato recuerdo de ellos, mejor dicho, es una gente que te deja bastante indiferente.

 

De nuevo en México

En la parte mejicana tuve la mala suerte de que me tocara la luz roja en el control de equipajes. Se trata de pulsar un botón que da luz verde o luz roja alternativamente y si te toca el semáforo rojo te registran, pero predomina la verde para agilizar el paso.

A mí me tocó la roja, ya no me aguantaba de pié y les dije que me registraran el equipaje mientras yo me sentaba en el suelo, les expliqué lo que me había ocurrido y me miraron la mochila muy por encima para que me pudiera ir rápidamente.

En las fronteras conocimos a una pareja de Mallorca que iban en nuestro autobús y que luego de Chetumal se dirigían a Tulum también. En la terminal de Chetumal comprobamos que el autobús no salía hasta las 16:00 horas por lo que nos quedaba dos horas de espera que pasamos los cuatro charlando en la cafetería.

Por fin volvemos a comer tacos y quesadillas. A la hora prevista partimos hacia Tulum llegando entrada ya la noche y nos alojamos en el hotel del crucero que es la zona en que parte la pequeña carretera que va a las ruinas desde la carretera principal que va hasta Cancún.

El hotel estaba bastante bien pero se salía del presupuesto aunque esta noche mi tobillo se merecía un buen descanso. Los mallorquines dormían en la habitación contigua a la nuestra, antes de entrar para dormir nos despedimos de ellos pues aunque en principio no íbamos a estar mucho en Tulum el accidente que tuve requería un descanso de por lo menos tres días, así que al día siguiente no teníamos que madrugar para visitar con ellos las ruinas y marchar a la tarde. Eso implicaba que ya no nos veríamos y era el momento de despedirse.

Estuvimos charlando en la puerta y Marta se fue a apoyar en la barandilla del pasillo cuando el mallorquín le dio un grito alertándole que había un escorpión, no le picó de milagro. Lo mejor era ir a dormir puesto que este no parecía un buen día.

 

Toda la Ruta Maya aquí.

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Acerca de Héctor Navarro

Un licenciado en Historia que cuenta historias de viajes. 84 países en la mochila. Experto Profesional en Cultura, Civilización y Religión islámica y Especialista Universitario en el Perfil Histórico de los Contenciosos en Oriente Próximo.

Interacciones con los lectores

Déjanos un comentario

  1. Laura

    Hola Héctor. He leído tu texto porque estoy preparando mi viaje a Guatemala y Belice. No me gusta nada el desprecio de tus palabras hacia “los negros de Belice “ o “la raza negra”. Que pena que hables tan despectivamente de gente que te acogió en su país.

    • Héctor Navarro

      Hola Laura

      Hace muchísimos años de aquello. Si lo escribí así en su momento sería porque así lo percibí. No tengo problemas con la raza negra ni con ninguna otra. Seguramente me refería a algunos negros de allí que no debían ser muy simpáticos, por no decir algo racistas, que los hay. El racismo no es patrimonio de la raza blanca, o del hombre blanco.

  2. Unknown

    Hola Hector, estamos pensando en ir a Belice y Guatemala. Crees que es seguro ir por nuestra cuenta? Y para moverse mejor alquilar coche o transporte publico? Para coger excursiones, es fácil una vez alli en agencias locales?

    • hectornavarro

      Hola

      No te podría responder con garantías de veracidad porque hace mucho tiempo, 22 años, que estuve allí. Estos datos prácticos no te los puedo dar, eso sí, el post de cosas a visitar está en vigor porque los paisajes cambian poco…. a veces

  3. Unknown

    Hola Hector, estamos pensando en ir a Belice y Guatemala. Crees que es seguro ir por nuestra cuenta? Y para moverse mejor alquilar coche o transporte publico? Para coger excursiones, es fácil una vez alli en agencias locales?

  4. Alveiro G

    Hola. Gracias por compartir, excelente relato, queria preguntarle cuanto cuesta aprox la avioneta hasta los cayos? y cuanto cuestan los toures en lancha? y la comida langosta pescado? Gracias por la inf.

    • hectornavarro

      hola , piensa que este viaje es de 1996. Te puede ir bien como guía de recorrido, pero los precios están muy desfasados o yo no te los puedo dar con una actualización que te interese. Lo siento 🙁

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