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17/9/16

CAMINO A COPÁN, HONDURAS

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CAMINO A COPÁN,  HONDURAS    (rescatado de nuestro viaje a la Ruta Maya en 1996)


Habíamos decidido días antes contratar este viaje que nos llevaba a Honduras, concretamente a Copán,  para luego volver de nuevo a Guatemala. Por tanto descartamos definitivamente una ruta alternativa que tenía planeada anteriormente que consistía en cruzar El Salvador y ver una ruina maya del país, una vez en Honduras ir hasta Tegucigalpa y luego girar hacia el oeste dirección Copán para más tarde cruzar de nuevo la frontera guatemalteca. Nos echó para atrás noticias que leímos en los periódicos sobre hechos ocurridos en El Salvador. Las últimas semanas grupos de asesinos se dedicaban a exterminar familias enteras de campesinos. La última murieron seis personas, cuatro de sus miembros menores de seis años, horrible. Además dado que la ruina maya no era de las más importantes decidimos olvidarnos del país aunque supongo que no habríamos tenido ningún incidente.




A las tres de la madrugada estábamos en pie para partir hacia Honduras. Salimos del alojamiento y nos dimos cuenta que a esta hora ya han puesto las calles, es increíble. La furgoneta nos recogió a las cuatro y llevaba en su interior seis pasajeros. Esta vez hemos tenido suerte y no nos han recogido los primeros, a esta hora hubiera sido mortal. Si hubieseis visto la cara que llevaban de sueño aunque supongo que la misma que nosotros. Dos de los pasajeros eran una pareja de japonesas que iba durmiendo. A estas horas es normal que duerman pero algo muy curioso de los japoneses es que aprovechan cualquier momento libre del día para dormir. Un autobús de japoneses en un trayecto de un punto a otro más parece un dormitorio con ruedas que un vehículo. Mientras empieza un acontecimiento o espectáculo duermen. Si van en tren, duermen. Si esperan a alguien y pueden sentarse, duermen. En fin que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son.


Hicimos una parada en Ciudad de Guatemala para recoger a dos fotógrafos italianos que se dirigían a Honduras y Nicaragua. Paramos a desayunar a mitad de camino, las japonesas se despertaron por fin. Desayunamos huevos fritos con frijoles, aguacate y arroz blanco, tostadas y café con leche, un buen desayuno para reponer las fuerzas del viaje.

Continuamos y a las 10:30 llegábamos a la frontera de El Florido, casi siete horas después de iniciar el trayecto. 

Bajamos y nos metimos en aquella caseta de madera a pasar el control de pasaportes y pagar los impuestos de salida, unos tres dólares por persona. Salimos con los pasaportes sellados y nos dirigimos hacia la caseta situada a cincuenta metros de la anterior y que pertenece a Honduras. 

En el camino se nos cruzaron unas cuantas gallinas, es curioso y surrealista si pensáramos en una frontera occidental cualquiera pero aquí es de lo más normal.

   


En la frontera de Honduras nos sellaron el pasaporte y de nuevo tuvimos que pagar seis dólares más. Lo mejor de todo es que volveríamos seis horas después y nos harían pagar igualmente en cada puesto fronterizo.

   


Seguimos hasta las ruinas llegando casi al mediodía.

   


Copán no es tan impresionante como sus émulas Chichén, Uxmal, Palenque o Tikal pero no dejan de ser impresionantes. Lo más bonito es su juego de pelota y sus estelas.

   

                                                      


                                                      

Dicen que la visita se debe realizar en dos días pero a nuestro parecer con un día es más que suficiente. Así que para la noche ya habíamos regresado a Guatemala. Dormimos en un motel con casitas unifamiliares muy cómodas y al día siguiente partimos hacia el recinto arqueológico de Quiriguá. Nuestro conductor se llamaba José y los dos días que pasamos en el vehículo los dedicamos a charlar del país y de otras cosas. José estaba muy orgulloso de Guatemala, decía que era el país más lindo de América. Disfrutaba mucho con su trabajo, le encantaba conocer gente nueva y charlar con ellos, básicamente en eso consistía su trabajo a parte de conducir. José nos llevó a visitar una empresa platanera, nos enseñó los campos, atravesados por cintas mecánicas que transportan la mercancía hasta la casa en que los lavan y empaquetan.

   

Fuera esperan pacientes una flota de camiones que conforme van llenando sus remolques parten a transportar las bananas hacia el destino que les corresponda. Quiriguá se halla cerca de esta bananera y todo el recinto está rodeado por plantaciones excepto un lado en el que se extiende un gran bosque tropical. Estas ruinas son muy famosas en la Ruta Maya no solo por el número de estelas que posee sino por el tamaño de las mismas, llegando a medir la más alta unos 10,5 metros. Todas están cubiertas por un tejado artificial confeccionado con plantas secas y de forma piramidal apoyada su base en cuatro palos gruesos. Su función es guarecerlas del agua para que sus dibujos o grabados no vayan desapareciendo con el paso del tiempo. Nos apremiaba la visita porque comenzaban a picar fuerte los mosquitos, estos zancudos andan por toda la región, además estaba lloviendo como de costumbre en la zona.



VOLVEMOS A GUATEMALA

Continuamos la carretera del Atlántico y en la Ruidosa nos desviamos en dirección a Flores (Petén) pero nos quedamos en la población de Río Dulce después de recorrer 34 Km. para llegar hasta Flores hay bastantes más kilómetros. Río Dulce también es conocido por Fronteras o El Relleno. La combi nos dejó en el pequeño embarcadero del pueblo donde se apilan unas cuantas motoras esperando alquilar sus servicios. Un olor a pescado frito inundaba la callejuela que daba al puerto, había una mujer friendo el pescado en una parrilla y lo vendía a trozos por unos cuantos quetzales. Enseguida nos asaltaron los conductores de las motoras ofreciéndonos buenos precios para ir a Livingston, después de regatear un poco pactamos el precio final el que nos incluía retroceder un poco en dirección al lago Izabal y visitar el castillo de San Felipe. La única manera de llegar a Livingston es por el río o por mar, no hay ninguna carretera ni camino.



El castillo de San Felipe se ubica en el estrecho que separa el río Dulce del lago Izabal. Fue construido en 1652 para contener y cortar el paso a los piratas que desde el mar caribe remontaban el río Dulce y saqueaban las poblaciones a orillas del lago Izabal. En 1686 los piratas capturaron el castillo y lo quemaron. A finales del siglo XVIII los piratas desaparecieron y el castillo pasó a ser una prisión. Ahora es una excelente atracción turística que nos recuerda la época colonial española. Rodeamos el castillo con la lancha, todavía se ven algunos cañones en los merlones de las almenas, eran pequeños pero debieron de ser muy efectivos. Después cambiamos el rumbo hacia río Dulce pero antes de dejar la población llenamos el depósito del motor de la embarcación puesto que el camino es largo y además la lancha va muy rápido y traga mucha gasolina.


Comenzamos el recorrido a toda velocidad, el río era relativamente ancho pero al cabo de unos kilómetros empezó a ensancharse y entramos en la parte que llaman El Golfete, que no es más que un lago que forma el río. En una de las orillas se encuentra el Biotopo Chocón-Machacas donde puedes desembarcar y dar un paseo por la selva admirando su rica flora y fauna. No paramos puesto que Livingston todavía quedaba lejos. En el lago hay bastantes manglares donde reposan toda clase de pájaros. Después el río se va estrechando de nuevo. El barquero se dirige a la orilla que deja una montaña espesa en vegetación. De sus paredes nace una cascada y conforme nos vamos acercando un olor a azufre envuelve el ambiente. El barquero nos propone un baño en las aguas termales pero no aceptamos porque no nos apetece. Metimos la mano en el agua y pudimos experimentar lo caliente que salía. Avanzamos unos metros con la barca y el agua volvía a estar fría. Nos recordó a las fuentes georginas pero indudablemente estas eran más salvajes. A partir de aquí nuestros ojos se concentraron en ver si podíamos divisar algún Manatí o vaca de mar. Estos animales son huidizos, no les gusta el sonido del motor y tampoco teníamos mucho tiempo para ir apagándolo y esperando a ver alguno, así que lo dejamos para los cayos de Belize en donde pudimos ver unos cuantos.


Más tarde nos adentramos en una garganta donde el río se vuelve más estrecho y sinuoso. El barquero paró la lancha y empezó a dar gritos para escuchar el eco, el tío se lo pasaba en grande y nos preguntaba el país de donde procedíamos para después lanzar un impresionante berrido articulando el nombre del país. Luego reían él y su hijo pequeño que le acompañaba y comentaba que seguro que le oyeron nuestros compatriotas de allá. Pero eso no fue todo, el hombre nos animaba entusiasmado a que berreáramos nosotros también y he de reconocer que después de insistir lo consiguió. Hala, a gritar Guatemala como poseídos en mitad de un río perdido del golfo de Honduras. Cuando se cansó del espectáculo puso en marcha el motor y continuamos zigzagueando el río entre las gargantas. Cuando salimos de aquel minicañón el río se fue ensanchando y ya divisamos el mar caribe. En el margen izquierdo del río aparecieron unas casas que anunciaban la llegada a Livingston.







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