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27/1/14

Unos días en el Amazonas (Parque de Cuyabeno, Ecuador)

2 comentarios



3/12/1995   BAÑOS

Nuestra aventura en la selva comenzaba a unos cientos de kilómetros. La distancia entre Baños y Lago Agrio es de 747km y todavía nos encontramos en aquella primera alegre población.

La suerte es que ya habíamos reservado nuestra pequeña expedición el día anterior en una agencia llamada Selvanieve y hoy sólo teníamos que desplazarnos de Baños hacia Quito. Lo digo porque era un día que no estaba para nada, tumbarme en cualquier colectivo y dejar pasar las horas entre botes, baches y otras sorpresas que te dan estas carreteras. La resaca era monumental. Lo que empezó entre Marta y yo tomando unas copas, acabó en una juerga con el joven grupo ecuatoriano que tocaban música andina y yo abrazado a un tío de galápagos como si nos conociéramos de toda la vida. Eso es lo poco que recuerdo de esa noche de alcohol y humo de marihuana.

Partimos a mediodía hacia Quito y llegamos a las 4 horas. Comimos cualquier cosa y enseguida tomamos el colectivo de las 17 horas hacia Lago Agrio que nos dejó en esa población a las 2 de la madrugada… se me había pasado hasta el resacón después de todo ese viajecito!




4/12/1995            LAGO AGRIO

Hacía pocas décadas, de hecho sólo dos, que el hallazgo de petróleo en los años 70 había “civilizado” estos lugares en donde apenas se podía llegar navegando a este territorio salvaje poblado por indios cofanes.
Así que esta población, también llamada Nueva Loja, nació al amparo del oro negro para dar cobijo a los trabajadores de las compañías petroleras americanas, verdaderos dueños del líquido preciado.

A las 8 a.m habíamos quedado con Galo sevilla, el dueño de la empresa que ofrecía las salidas a la selva.
Apenas 5 horas pudimos dormir en el espartano hotel Sayonara. Cerca de él había un establecimiento que parecía un bar así que desayunamos en las mesas exteriores mientras observábamos el ambiente de esta ciudad selvática, contraste de flora y cemento.


La ciudad no tiene encanto, es para lo que es, no tiene grandes edificaciones ni plazas bonitas, simples calles destartaladas y edificicaciones de máximo 2 plantas. Sus gentes son buscavidas y anda muy cerca Colombia (20 km de El Conejo- Puerto Colón), por lo que pasa a ser una ciudad fronteriza, igual que la vecina población ecuatoriana de Coca. Son casi pueblos medio salvajes de aquellos que tenemos en mente del antiguo oeste.
A la prostitución, petróleo y business, se añade el consecuente tráfico de drogas, la coca colombiana, marihuana y como no, la activa guerrilla de aquél país.

Para el turista es un lugar de paso hacia la selva, y el paso debería ser lo más rápido posible.

Así que cuando por fin contactamos con Galo Sevilla nos quedamos un poco más tranquilos.
Galo era descendiente de españoles, pero con la piel muy tostada por la latitud. De los vagos recuerdos que tengo casi veinte años después es de tener un parecido físico al actor Morgan Freeman algo más blanco y delgado.

Nos quedamos un rato charlando y tomando algo más,  pues nos comentó que no saldríamos a las 10 como estaba previsto porque nuestras dos compañeras de viaje de nacionalidad suiza llegaban en avioneta a las 11. Así que tiramos hacia la pista de aterrizaje que aquí llamaban aeropuerto.

Las chicas eran dos verdaderas suizas, que podrían pasar desapercibidas entre vacas pastando verdes prados bucólicos de ese país. Después de acompañarlas al pueblo a por botas de agua solicitaron hablar por teléfono con la agencia de Quito. Se querían quejar de que ellas habían pagado 60 dólares por día para ir con un guía inglés y que el nuestro no tenía ni papa.

A las 12:30 por fin partíamos hacia nuestra aventura amazónica, dejando atrás suizas cabreadas que se salieron con la suya y metidos en una camioneta que nos llevó en un par de horas al puente de Cuyabeno.






El parque nacional de Cuyabeno está en la Provincia de Sucumbíos, noreste de la Región Amazónica de Ecuador. Con más de 600.000 hectáreas, es uno de los lugares con más biodiversidad del planeta junto con el Parque Nacional Yasuni, por lo que fue protegida en 1979. Supongo que ante el imparable avance petrolero.





Desde el puente de Cuyabeno remontamos el río del mismo nombre en una canoa con motor.





El parque nacional abarca la cuenca completa del Río Cuyabeno, e incluye partes de los Ríos Aguarico y Putumayo.
Os preguntaréis donde queda el amazonas. Pues estamos en la cuenca de este río. Si navegaramos todo el Cuyabeno desembocaríamos en el Aguarico, este es afluente del río Napo que a la vez es uno de los principales afluentes del Amazonas en su cauce alto.


El río Cuyabeno pese a tener unos 12 metros de ancho va formando durante su curso  pantanos, lagunas y zonas de inundación temporal.




En una de esas lagunas íbamos a dormir la primera noche, en una cabaña llamada la hormiga.




Ahí nos dejó Galo Sevilla después de presentarnos al que iba a ser nuestro guía los próximos 5 días, con un extraño mote que intentaré escribir a mi manera Kankan.

Estos 5 días íbamos a surcar el río Cuyabeno, sus lagunas y rincones 5 miembros de esta pequeña expedición.


Marta:



Yo:




Vicente (Kankan):



César, el motorista (de la canoa), un indio cofán muy apuesto:



Y la cocinera cofán, también muy maja y que cocinaba como los ángeles. No comimos mejor en los 2 meses por Sudamérica exceptuando las veladas de tango en Argentina.

Si a priori pueden parecer aburridos 5 días en la selva, os diré que no podéis estar más equivocados.

Nos levantábamos temprano para ver pájaros y surcar las tranquilas aguas







Caminábamos por la selva encontrando raros insectos



Hacíamos el burro en lianas



Bebíamos agua natural de las lianas



Probamos hormigas con sabor a limón y pescamos muchas pirañas






Yo sobretodo peces gato


Y Marta tenía un imán increíble con las pirañas







Nos bañábamos en la laguna




En las playas del río




Nos cruzábamos con gente nativa del lugar



También visitamos algunos vecinos


nos enseñaron como hacían canoas





Nos enseñaron a tirar con cerbatana





Y dormimos con ellos




También hicimos camping en la selva



Remamos con canoas para ver si veíamos anacondas y caimanes, de día



… y de noche



comimos pirañas y se nos comieron los mosquitos y otros insectos


nos mojamos, andamos, nos bañamos, reímos y disfrutamos!!

en fin, unos días inolvidables. Una experiencia viajera de las mejores, sin dudarlo un instante.


Cuando nos despedimos de Kankan y César de vuelta al puente Cuyabeno se nos puso un nudo en la garganta. Esos días creamos un vínculo fuerte para el poco tiempo pasado, eso sí, intenso y cercano.

Volvimos a lago Agrio y como era domingo todos los bancos estaban cerrados y no podíamos sacar sucres.

Galo Sevilla se portó estupendamente invitandonos a cenar en su casa con su mujer y uno de sus siete hijos, el más pequeño, que debía tener unos catorce o quince años.

Después de la cena nos montó una tienda dentro de una especie de carpa al aire libre que usaban de discoteca. En medio de la carpa había un espacio vallado para el disc jockey y todos sus aparatos.

Le preguntamos a Galo si no era peligroso dormir allí. Nos dijo que ni hablar, que era muy seguro, que su sobrino vigilaría toda la noche el lugar. De un silbido lanzado por galo asomó al instante una cabeza del interior del recinto del habitáculo vallado del disc jockey. Galo saludó al sobrino: “como va”, “bien” respondió el sobrino. “diles con quien estás para que la pasen tranquilos” dijo Galo, y el sobrino a la vez que esbozaba una gran sonrisa levantó el brazo y nos mostró una enorme escopeta con la que dormía en ese lugar cada noche para que nadie les robara el material.
Y así la pasamos, bien tranquilos.


9/12/1995

Al día siguiente, a las 8:30 a.m volvimos a Quito. Dejábamos atrás la selva y remontábamos el sinuoso camino hacia la meseta andina en un camino que nos llevó casi 8 horas, volvíamos de nuevo a la capital de Ecuador.
Atrás dejamos un mundo en constante evolución desde el descubrimiento de petróleo. Siglos y siglos inamovible en dos décadas se había transformado imparablemente.


24/01/2014

Hoy mismo, sentado frente al ordenador y tecleando estas líneas, me pregunto como habrá cambiado en estas 2 décadas. Ellos y nosotros seguimos siendo esclavos del petróleo y de los intereses de las compañías, de sus tentáculos perversos. Siguen habiendo batallas y guerras por su control.

Me giro y miro la estantería. Fijo la vista en un libro que compré a los dos días de llegar a Quito tras mi paso selvático.
La Crónica Huaorani, de monseñor Alejandro Labaca. Ojeo sus páginas y recuerdo el terrible asesinato que sufrió a manos de los irreductibles huaorani que se hacían llamar Tagaeri.

A pocos kilómetros de donde pasamos 5 maravillosos días, no hacía más de 8 años, monseñor Labaca y su acompañante, la hermana Inés Arango, se adentran en territorio Tagaeri para mediar y evitar represalias de las compañías petroleras tras el asesinato de 3 trabajadores a manos de los indios.
Los indios, que habían jurado mantener sus costumbres hasta las últimas consecuencias, los lancearon de manera cruel, más bien ritual.

Dos mundos enfrentados que irremediablemente saldrán perdiendo. Nosotros somos el espíritu de monseñor Labaca, que intentando poner cordura a esta situación sólo obtenemos una cruel respuesta.






Vídeo recuerdo de nuestro paso por la selva






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2 comentarios :

  1. Qué pasada!, y bendita juventud eh ;-) ....
    Comiste gusanos ? como los de árbol o de esos gigantes, porque por ecuador parece bastante típico que lo hagan ...

    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  2. Hola Alfonso, tú siempre bienvenido al blog!!
    Mira, comí los gusanos de la juventud, por eso estoy igual ahora que hace 20 años :)) ... bueno, la verdad es que los únicos gusanos que he comido son los de las botellas de mezcal jejeje ;)

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