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25/3/10

sancristobalcasas, sumidero, chiapas

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SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS



De todas las jornadas que tenía previstas en este viaje había una que me parecía peculiarmente peligrosa, al menos me preocupaba un tanto. Ese día era hoy. El trayecto de Palenque a San Cristóbal era muy inseguro en determinados ciclos de esta guerra civil no declarada oficialmente (recordad que estamos en 1996). Sobretodo era muy arriesgado viajar de noche.

Tras preguntar en el pueblo cómo estaba la situación actualmente y viendo que por el momento todo parecía estar en calma, decidimos partir bien temprano en autobús. El recorrido de 190 km se podía hacer con suerte en cinco horas y media. La estrechez de la carretera y la costosa subida por el exagerado desnivel provocaban esa lentitud. Hay que pensar que Palenque está ubicado más o menos a nivel del mar y San Cristóbal se halla a 2300 metros.

Tomamos un bus de la compañía “Cristóbal Colón”. Nos tocó ir sentados en el asiento de detrás del conductor por lo que pudimos escuchar la conversación que mantenía con el copiloto que iba de pie en las escalerillas de descenso que están al lado derecho del conductor. Comentaban que habían echado a un compañero porque en un accidente había dado positivo en la prueba de alcoholemia. Andaban diciendo que si hicieran esa prueba a todos los conductores de la compañía se quedarían con "cinco nomás".


Yo iba mirando esas curvas estrechas y una gota de sudor empezó a resbalar por mi frente. De vez en cuando se producían retenciones por el accidente de algún desafortunado que no había tomado la curva por su debido trazado o que quizá había “tomado” en exceso.

Pero al fin a mediodía llegamos a nuestro destino, San Cristóbal de las Casas, pequeña ciudad colonial fundada en 1524 por Diego Mazariegos.




Desde buen principio los españoles hicieron grandes fortunas con la explotación y el trabajo de los indígenas, quienes perdieron sus tierras y fueron auténticos esclavos del conquistador. En 1545 llegan a Chiapas los monjes dominicos e instalaron en San Cristóbal su base principal, ese mismo año fue nombrado obispo de Chiapa, entonces Guatemala, a Bartolomé de las Casas el cuál dio parte del nombre a esta ciudad.

 Bartolomé de las Casas, infatigable viajero del nuevo mundo, fue un acérrimo defensor de la causa indígena y se manifestó totalmente en contra de la esclavitud. En 1542 tuvo una audiencia en el consejo de Valladolid y fue recibido por el mismísimo emperador Carlos V, quien una vez que oyó al dominico sufrió una crisis de legitimidad y moralidad de su dominio en las Indias. Incluso el emperador estuvo a punto de abandonar el Perú a favor de los Incas tras implorarle Fray Bartolomé, de no ser por la presión evangelizadora y proselitista de la Iglesia igual hubiera conseguido su objetivo. 

Las Casas publicó el libro Brevísima destrucción de las Indias en 1552 en el que ponía en conocimiento del mundo los crímenes, atropellos y salvajadas que cometían los españoles en la conquista de América. Yo he leído este libro y la verdad es que todo el mundo reconoce que el conquistador español, o de cualquier otra nacionalidad, cometió muchísimas atrocidades y barbaridades, pero este libro es algo extremado. Y esto no se lo parece solamente al lector actual sinó que en su época no se le prestó mucha atención debido a estas exageraciones, aunque en manos de los enemigos de la incipiente monarquía hispana fue un suculento argumento para alimentar la famosa leyenda negra. Que 30 españoles a caballo exterminaran a 3000 indígenas, que 70 ataquen un poblado y acaben con la vida de 600 indios, etc, significa que el autor o no dice la verdad o infravalora a los indios. Siempre habla de los indígenas como almas sin pecado y gente pacífica aunque se olvida preguntarse lo que pensaban los indios esclavizados por los aztecas e Incas, sin olvidarnos de los terribles sacrificios que realizaban a sus dioses. Sin excusar a los conquistadores no hay que olvidar que este libro fue bastante desmesurado con el objetivo de que en España se oyeran los ecos de las súplicas de aquel obispo muy sensibilizado con la intolerable esclavitud indígena. Por mi parte he de decir que Fray Bartolomé ha sido uno de los grandes religiosos de la historia, que con sus obras ha contribuido a lavar la mala imagen de los dominicos como los grandes inquisidores de la Iglesia, aunque eso sea otra terrible historia.


La situación de antaño no difiere a la actual en lo que al problema raíz se refiere. Cambiaron los conquistadores españoles por mejicanos pero el indígena siempre está en la misma situación. San Cristóbal se ha convertido en el símbolo actual de esa lucha.



Ver mapa más grande


El mapa de la ciudad parecía pequeño por lo que decidimos ir andando hasta el hotel. Al rato nos dimos cuenta que el mapa era bastante cutre y que faltaban muchas calles, la ciudad era más grande de lo que nos pensábamos. Encima nos faltaba un poco el aire debido a la altura, por lo que decidimos tomar un taxi que nos acercara hasta Na Bolom.

Na Bolom, o traducido casa del jaguar, es un museo, biblioteca, fundación y pequeño hospedaje que cuenta sólo con catorce habitaciones. Fue la vivienda de Gertrude (Trudy) Duby-Bloom antropóloga y fotógrafa suiza, que murió en 1993 a los 92 años, y la de su esposo Frans Bloom, arqueólogo y explorador danés que murió en 1963. Los dos compartieron la pasión por Chiapas y por los indígenas que allí habitan. Frans exploraba ciudades mayas y Trudy dedicó toda su vida al estudio y a una campaña a favor de los indios lacandones. En su haber hay 55000 negativos de fotografías que son toda una reliquia para el estudio antropológico de Chiapas.
Las habitaciones están inspiradas en el folklore de las poblaciones cercanas a San Cristóbal, cada una con su estilo. Nosotros nos acomodamos en la habitación Mitontic, bastante cómoda y espaciosa, con una gran chimenea que paliaba el frio de los 2300 metros.


Una vez instalados creímos necesario darnos una vuelta por la antigua capital de Chiapas y así estirar un poco las piernas después del largo viaje en autobús. Al salir de la habitación nos enganchamos a ver las innumerables fotografías que cuelgan en las paredes del alojamiento. Na Bolom es una casa muy grande en la que las estancias se sitúan rodeando patios interiores, una especie de atrios comunicados por pasadizos. Tanto los pasillos cómo los patios están llenos de fotografías de Trudy y de lacandones, todas ellas en blanco y negro, algunas de ellas verdaderas obras de arte. Todas las fotografías tienen adjuntadas el nombre de la persona que sale en la foto y un comentario de la fotografía. Una de ellas mostraba al fotógrafo que actualmente conserva los negativos de la valiosa colección, se llama Lluís Estivill. Le comenté a Marta que por el nombre debía ser catalán, al unísono una voz nos aseguro que lo era, se trataba de él mismo en persona. Le dijimos que éramos paisanos y como decimos aquí “petem la xarradeta”, o sea, que conversamos un rato. Lluís nos preguntó cómo andaban las cosas en casa ya que llevaba mucho tiempo fuera, concretamente nueve años. Pese a no perder contacto y a hacer esporádicos viajes a visitar a sus padres estaba bastante desconectado de todo lo que ocurría en el país, su principal fuente de información era gente como nosotros que visitaba la zona. Marchó a Nueva York a los veinte años y se quedó hasta los veintiséis, después se vino a San Cristóbal dónde llevaba tres años como voluntario de Na Bolom viviendo con el resto de compañeros que forma esta fundación, aunque casado con una nativa y con una pequeña hijita. A parte de las catorce habitaciones donde normalmente se hospedan arqueólogos, escritores o gente de asociaciones internacionales, Na Bolom cuenta con un módulo para voluntarios como Lluís. Alguno se preguntará qué pintábamos nosotros alojados allí, bueno, cuando no hay reservas de la gente descrita anteriormente las habitaciones tienen acceso libre para viajeros que las demanden. También hay cabañas en un jardín contiguo para acomodar lacandones que estén en San Cristóbal por diferentes motivos, ya sean sanitarios, burocráticos o de cualquier otra naturaleza.
Después de darnos unos consejos preventivos, sanitarios y gastronómicos, entre otros, Lluís se despidió y nosotros salimos a dar el ansiado paseo por el pueblo, visitando el zócalo, la catedral y sus tranquilas calles, al menos en este momento. Cuando cayó la noche regresamos a nuestra habitación. El frío se acusa después de las agradables temperaturas del Yucatán por lo que la chimenea nos fue muy bien no sólo para calentarnos sino para secar las botas que continuaban mojadas desde Bonampak. En la habitación había un mueble lleno de libros aunque casi todos ellos estaban escritos en inglés así que la mejor lectura que podíamos tener era empaparnos de toda la información que poseíamos sobre Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas, y del cañón del Sumidero, que eran las visitas que teníamos planeadas para mañana.




EL CAÑÓN DEL SUMIDERO

De buena mañana llegamos a Chiapa de Corzo, pequeña población desde la que parten lanchas que recorren el majestuoso cañón del sumidero.

Chiapa de corzo

El bus de línea nos dejó en las afueras del pueblo, en la misma carretera que continúa hacia la capital Tuxtla. Nada más descender del camión nos encontramos un mercadillo en el que compramos algunas piezas de fruta y preguntamos en qué dirección se hallaba el embarcadero. Había que andar un tanto pero el paseo era reconfortante. Antes de embarcarnos decidimos desayunar unos huevos revueltos con frijoles, taquitos y un gran zumo de naranja.

En el bar que escogimos había una chica extranjera sentada en otra mesa tomando un té matutino. Por su aspecto parecía escocesa ya que aparte de tomar té era muy blanca de piel y de pelo rojizo. Al poco se levantó y marchó en dirección al río, seguramente ella también quería recorrer el cañón. Esto nos alegró porque normalmente las lanchas no salen hasta que completan un determinado cupo de gente que haga el paseo rentable, por lo que si no hay un mínimo de pasajeros se ha dado el caso en que muchos días no ha salido ninguna embarcación. Con el estómago lleno nos fuimos también hacia el río, cuando llegamos nos alegró ver un grupo de viajeros esperando lancha. Eran unos diez , con nosotros doce, hoy no nos quedaríamos en tierra. Estaba también la escocesa, pero al final resultó ser de guipuzcoa y se llamaba May.

Nos dio mucha alegría que fuera española y comenzamos a conversar mientras el lanchero decidía partir.
Finalmente todos montamos en la barca y partimos, o casi diría despegamos por la velocidad de aquella lancha rápida. Tras un pequeño trayecto entre la selva el río comienza a penetrar entre las vertiginosas paredes del cañón, algunas llegan al kilómetro de altura, realmente bestial.





Cañón del Sumidero

Las aguas oscuras y calmadas del ancho río serpentean silenciosamente entre las paredes que combinan la roca desnuda con árboles y la parte inferior de éstas, densas en vegetación, entran en el río formando una verde uve. Visitamos alguna que otra cueva durante el recorrido. Sorprendente es el árbol de navidad, se trata de una cascada de agua que nace en una gran pared de la que comienza a brotar musgo que va ensanchándose progresivamente mientras desciende la altura, asemejándose a un enorme árbol de navidad.

el árbol de navidad



Al cabo de una hora se llega a la presa artificial la cuál marca el fin de trayecto y punto de retorno. En el gran lago que forma la presa se ubican algunas casas solitarias en la orilla cuyos habitantes aprovechan estas lanchas turísticas para comunicarse con Chiapa de Corzo mediante el río. Recogimos a un señor y a su hijo que llevaban productos artesanales para vender en el pueblo.

presa


En la vuelta seguimos gozando de aquél sorprendente paisaje y el lanchero se dedicó a intentar descubrir los caimanes que se esconden en los trozos de playa que dejan los sedimentos provocados por los meandros del río.


En uno de estos intentos nuestro erudito guía motorista nos dio una inestimable lección científica ornitológica. Vimos, como decía, un pájaro la mar de raro descansando en una rama. La curiosidad de May le llevó a preguntar de qué tipo era aquella extraña ave, la respuesta del motorista no se la pierdan: - eso es un “pajarraco” contestó bien satisfecho. El tipo era ducho en la materia. Vimos cuatro caimanes en las orillas y también algún que otro cadáver de vaca flotando por el río.



 Pero lo que nunca olvidaré es aquel hermoso cañón del Sumidero y sus altísimas paredes, verdadera maravilla de la naturaleza comparable a sus cañones hermanos del norte de América, cada uno de forma distinta pero todos igual de majestuosos.
Al bajar nos fuimos a tomar unas cervezas Coronitas con May, o Maialen, y nos contamos nuestras historias. Su estancia en México era por motivos laborales, después de trabajar un año en Alemania le ofrecieron la posibilidad de continuar tres meses en México y ella aceptó. Una vez acabado el contrato decidió darse una vuelta turística por el país antes de volver a su añorado País Vasco. En tres meses se le pegaron muchas expresiones mejicanas aunque no su acento. Si algo le había gustado mucho decía que era muy padre o que era padrísimo, como dicen acá, también unas cuantas frases echas más que nos hicieron mucha gracia. En fin, hubo muy buen “feeling” por lo que decidimos preguntarle si se quería venir con nosotros a Tuxtla Gutiérrez. Nos dijo que no porque como ella venía del norte ya había pasado por esa ciudad y le cortaba un poco el rollo retroceder, había decidido seguir camino a San Cristóbal. Lo que sí hicimos es quedar con ella en aquella ciudad por la noche cuando retornáramos. Le aconsejamos que si le era posible que se alojara en Na Bolom y le explicamos lo que era. A ella le gustó y nos dijo que lo intentaría porque ya se lo había recomendado otra gente que había estado en San Cristóbal. Nos despedimos y continuamos hacia Tuxtla.
Lo más bonito de esa ciudad es el trayecto hacia ella, la bajada por la montaña hacia los llanos en que se ubica es espectacular. En la ciudad visitamos el zoo. El parque zoológico es muy curioso porque casi todos los animales campan a sus anchas por él., todos menos los peligrosos que están convenientemente encerrados. Se ha de seguir un sendero entre la vegetación, por él se te cruzan cuys, tepescuintles (los dos son roedores), pájaros como tucanes, loros, guacamayos y papagayos. Hay pozas con diferentes clases de monos y enjaulados tenemos a los felinos americanos tales como jaguares, pumas, linces, etc. El paseo por el zoo de Tuxtla es divertido y realmente nos sorprendió este curioso parque. Finalizada la visita cogimos un taxi hasta la central de buses y regresamos a San Cristóbal antes de que anocheciera.


Al llegar a Na Bolom preguntamos si se había alojado alguna muchacha vasca pero nos dijeron que no. Fuimos a la habitación y encendimos la chimenea más que por el frío por secar las botas todavía mojadas. De repente picaron a la puerta y nos avisan que tenemos una llamada telefónica de May. Nos dijo que no se había hospedado en Na Bolom porque estaba todo completo, pero que había encontrado otra pensión donde instalarse. Quedamos para cenar y tomar unas copas.
Al restaurante convenido se presentó con un italiano llamado Leo. El chaval era alto y muy delgado, de unos 23 años y viajaba sólo por Méjico. Se conocieron en la parada de taxis de la central de buses de San Cristóbal y al ver que ambos viajaban sólos habían decidido buscar juntos alojamiento. A May no le gustaba andar todo el rato sin compañía y por lo que contaré después hacía muy bien ya que viajar chicas solas es peligroso. En fin, se hospedaron en el mismo sitio y compartieron habitación para que les saliese más económico. Esto y otras cosas nos fueron contando mientras nos comíamos una suculenta cena mejicana en un restaurante que nos había aconsejado Lluís el fotógrafo.


 Luego nos fuimos de marcha al Margarita´s, un lugar muy frecuentado por las noches, con música en directo a cargo de grupos que tocan un pupurri de música latinoamericana. Todo esto regado con cerveza, tequila y ambiente joven te asegura una buena fiesta.


 La noche en San Cristóbal nos sorprendió gratamente, debido a la situación que vivía aquella ciudad era un punto muy frecuentado por viajeros de diferentes nacionalidades que utilizaban la marcha nocturna como válvula de escape. Acabamos de madrugada, un taxi nos llevó hasta el hotel. Cuando entramos en la habitación comprobamos que las últimas brasas de la chimenea habían acabado de secar las botas, al fin.


Nos vamos a dormir, mañana nos toca un día muy interesante. El misterioso pueblo de San Juan Chamula, con una de las iglesias más sorprendentes y mágicas que me he encontrado a lo largo de todos mis viajes.


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