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25/3/10

Dzibichaltun,Sayil, Labná, Kabah y Xlapak

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MÉRIDA Y LA RUTA PUUC


Dejamos Chichén-Itzá a mediodía. Habíamos perdido anteriormente el autobús de las once por cinco minutos. Esperamos una hora acompañados por los crios de Pisté que no paraban de venderte cosas o de ofrecerse a llevarte a cualquier restaurante para comer buenas quesadillas o tacos recién hechos, no obstante desaparecían rápidamente si les interrogabas de porqué no estaban en el colegio o de cualquier tema relacionado con eso.
Así que a las doce y media salimos hacia Mérida, capital del estado de Yucatán y centro de la cultura maya, aunque en la actualidad sólo sea el centro comercial de la península. Mérida está ubicada en el noroeste del estado yucateco y con sus 600 mil habitantes es la ciudad más grande de la zona.
Nos alojamos en el hotel Dolores Alba, que por cierto, la dueña es catalana aunque por el aspecto físico y por su acento parecía una gringa. Una vez dejado el equipaje corrimos a comer a algún sitio, ya eran las tres y media. Fuimos al restaurante los Almendros y probamos las especialidades de la región, pollo a la yucateca, pierna de puerco a la brasa, tacos, etc. Casi no pudimos levantarnos de la mesa al final de la comida porque a parte de pedir bastante por el hambre que llevábamos, hay que decir que los mexicanos ponen unos platos bien llenos y con gran cantidad de guarnición.
Al salir del restaurante estaba lloviendo, más bien chispeando y antes de seguir hacia el centro pasamos por el hotel para recoger los impermeables.
El centro cívico es típicamente colonial, con su plaza en el centro y su palacio de gobernación en frente de la iglesia. Paseando encontramos un kiosco que tenía prensa española lo cuál me alegró enormemente, no me gusta desconectarme de lo que ocurre en casa, aunque el tópico sea decir lo contrario. Así que volvimos al hotel a darnos un chapuzón en la piscina y a devorar página a página el noticiario que había caído en mis manos.
Al día siguiente nos dirigimos hacia el norte de Mérida, concretamente a Dzibichaltún y a Progreso que se encuentran a unos 15 y 30 kilómetros respectivamente.





Del primer lugar decir que su importancia es astronómica, y no me refiero en cuanto a grandeza sino como dice la palabra, astronómicamente hablando. La posición de las ruinas del llamado templo de las siete muñecas es matemáticamente perfecta. Su orientación permite que atraviesen por sus puertas y ventanas haces de luces en fechas señaladas como equinoccios y solsticios, una verdadera máquina astronómica. Pero lo mejor de las ruinas, a pesar de todo, es el baño en el cenote Xlacah. Después del largo paseo bajo el abrasador sol tropical, un buen chapuzón en un pozo natural de aguas cristalinas es el mejor antídoto para el calor. Una vez fuera del recinto andamos un kilómetro hasta una pequeña carretera, allí nos tumbamos en el suelo tomando el sol y esperando que pasara algún tipo de transporte público. Durante media hora sólo pasaron pequeñas motos y bicicletas, hasta que por fin nos recogió una pequeña furgoneta que nos llevó hasta la carretera principal donde nos dejó debido a que ellos continuaban hacia el sur, camino de Mérida. Nos quedamos esperando en una parada de bus de las de cemento dentro de la cuál no había asientos por lo que dedujimos que sólo servia para refugiarse de la lluvia cuando la hubiera. Para lo que sí servia era para alojar montones de basura que se apilaban detrás de la caseta, por tanto decidimos esperar el autobús a cierta distancia prudencial de ese pequeño vertedero.















Pasó de nuevo otra de estas furgonetas pequeñas o colectivos con capacidad “teórica” de unas 8 personas que son como una especie de taxis piratas. Vas estrecho pero son baratas y es una buena manera de contactar con la gente del lugar que siempre dan conversación y mas sabiendo que hablas en su idioma. Nos subimos y continuamos hacia Progreso.
Esta ciudad marítima hace de puerto de Mérida y también de pueblo costero de fin de semana para los de la capital. Esto no es aplicable a nuestro concepto de metrópoli, aquí las ciudades son pequeñas. El baño en la playa no lo vimos muy recomendable, las aguas tenían un color un tanto sucio no sabemos si por la proximidad del puerto o porque este día estaban bastante agitadas. Era por tanto más apetecible darse un atracón de marisco y pescado fresco en alguno de los restaurantes del paseo marítimo.


Volvimos a Mérida al atardecer pero esta vez en un abarrotado autobús de línea que cogimos en la central del pueblo.
Los dos días siguientes los dedicaremos a recorrer la ruta Puuc, al sur de Mérida, visitando la gran Uxmal, Sayil, Labná, Kabah y Xlapak. Planeando el recorrido nos dimos cuenta que la mejor opción era alquilar un coche o rentar un carro como dicen aquí, quiero decir, acá. La opción del coche es la mejor, sencillamente por la deficiencia de servicios públicos a lo largo de la ruta. De haber si los hay pero no pasan regularmente por lo que para ir de unas ruinas a otras puedes estar esperando horas, además de que casi todas quedan separadas de la carretera. Por tanto lo que podríamos hacer en un par de días es muy probable que se pudiera extender hasta 3 o 4 y añadir el inconveniente de llevar el equipaje a cuestas.
Así que mientras Marta se quedó en el hotel yo fui a rentar el carro al centro y una hora después aparecí con un escarabajo blanco y flamante dispuesto ha acompañarnos un par de días.
A las 8 a.m ya estabamos lejos de Mérida, divisando el primer pueblecito que encuentras en la ruta a Umán.
Cuando se llega a los pueblos tienen aquí por costumbre poner unos baches, o topes como los llaman acá, con el objeto de que se reduzca la velocidad, aunque yo diría que la finalidad es que pares puesto que se han de pasar muy despacio. Esto se me avisó en la agencia de alquiler, además ya nos habíamos percatado de ellos viajando en autobús, pero pese a todo esto la falta de costumbre de tropezar con semejantes trampas en el trayecto forzó una situación divertida. Veíamos el pueblecito cuando de repente nos echamos encima del tope que había en la entrada. Tuve que pisar el freno hasta el fondo de manera que el escarabajo derrapó y se oyó un tremendo chirrido de las ruedas, pero no pude disminuir suficientemente la velocidad y nos comimos el bache con patatas fritas, pegando un gran bote como colofón del espectáculo. Primeramente nos asustamos pero cuando ví por el retrovisor la cara que se les quedó a la familia que iba en la furgoneta que llevábamos detrás y al imaginarme la escena mentalmente, me cogió un ataque de risa que duró un buen rato. Marta se asustó y además me recordó que estaba embarazada de casi tres meses, se me cortó la risa de golpe.
En Umán nos desviamos de la carretera que va a Campeche y nos dirigimos al Sur hasta el pueblo de Muna punto en que la carretera se divide en dos direcciones, hacia Uxmal o a Ticul. Tomamos camino a Ticul con el objeto de comenzar la ruta puuc desde el Este, empezando en Loltún y acabando en Uxmal para finalmente volver a dormir a Ticul. Así que en este último pueblo dejamos el equipaje en la habitación que reservamos y nos fuimos de vacío.
Siguiendo rumbo hacia el sudeste se llega a Oxkutzcab, pueblo cuya única curiosidad reside en el nombre. Una cosa que nos hizo mucha gracia en este pueblo es una furgoneta que vimos circulando por una de sus calles. Se trataba de la típica ranchera con la parte de atrás descubierta. En esta parte iban alojados yo creo que unas veinte personas aunque no aseguro el número porque era muy difícil contar toda esa piña humana, además el peso iba mal distribuido porque se hundía y se ladeaba hacia la parte derecha. En fin aquí parece que todo vale. Desviandose de Oxkutzcab hacia la derecha se llega a las grutas de Loltún donde comienza la ruta puuc. Arribamos a las cuevas un cuarto de hora después que comenzara la visita guiada y la siguiente entrada era a las once, demasiado tarde para esperar por lo que decidimos continuar y dejar la visita para el día siguiente si nos veíamos con humor de volver hasta aquí. Continuamos hacia Labná.
Labná era una pequeña ciudad maya dependiente de la gran Uxmal. Al entrar al recinto te encuentras con un palacio cuya fachada se adorna con muchas puertas rectangulares separadas unas de otras por columnas adosadas. El palacio tiene tres niveles o pisos comunicados por una escalera central.



Se une al Mirador por un sendero o sacbé de unos trescientos metros. El Mirador se ubica sobre una pirámide de la que sólo queda un montículo de piedras. Enfrente del Mirador se levanta un arco a semejanza de los del triunfo romanos aunque éste formaba parte de un edificio ahora desaparecido.
Mientras hacíamos fotos de este lugar íbamos oyendo ruidos que provenían de la pirámide, algo así como desprendimientos de piedras y como si se fuese deslizando algún animal. Finalmente se trataba de dos iguanas, las reinas de este lugar solitario poco visitado por los turistas y que nos miraban impasibles desde las alturas. Estuvimos observándolas durante un buen rato, la verdad es que se mueven poco, se pasan las horas tomando el sol abrasador de estas latitudes.
Las siguientes ruinas en dirección hacia Uxmal eran las de Xlapak. De estas ruinas hay poco que ver puesto que están bastante deterioradas. A continuación visitamos las de Sayil, su palacio principal de 3 niveles es impresionante. El edificio posee un total de 94 cuartos, correspondiendo el mayor número de ellos al segundo piso.



















En medio una enorme escalinata comunica los tres pisos y separa la construcción en dos partes simétricas. Pero lo más impresionante de todo es la soledad en que nos vemos envueltos, nosotros dos y el gran palacio maya. Decidimos subirlo y nos apalancamos en el segundo piso ya que las escalinatas que llegan a la cima están muy deterioradas. Aquí determinamos de mutuo acuerdo comer porque el hambre apremiaba y el almuerzo que traíamos era suculento. Se trataba de pan con chorizo ibérico y jamón jabugo genuino español. ¿qué como teníamos esas exquisiteces en estos parajes? Muy sencillo, antes de empezar el viaje compramos una buena ración de embutido del que añoras cuando no lo puedes encontrar y lo envasamos al vacío de tal manera que puede aguantar perfectamente un par de meses, y no sabéis cómo sabe esto a gloria cuando te salen por las orejas los frijoles, tacos, quesadillas, enchiladas,etc. En fin, que comimos como reyes mayas y también bebimos, muchísima agua, el calor es insoportable. Después de comer nos quedamos un rato tomando el sol y contemplando la selva. Yo me fui a explorar alguno de los 94 cuartos que he dicho anteriormente. En casi todas las construcciones mayas hay cuartos, todos bastante parecidos. Son pequeños, de unos dos metros de ancho por tres de largo y no mas de dos de alto, acabados en una bóveda trapezoidal, muy oscuros solamente iluminados por la puerta de entrada, la humedad se respira y se huele. Además es el escondite predilecto de iguanas, murciélagos y de alguna que otra serpiente, así que vistos unos pocos, vistos todos y me fui con Marta a tomar el sol. Luego nos adentramos por los caminos a través de la selva y que comunican con restos de otros edificios en ruinas. Los senderos eran largos y mal señalizados, en uno de ellos llegamos a retroceder por miedo a perdernos ya que no se le veía fin y cada vez era más estrecho, además habían bifurcaciones que complicaban mas las cosas.
Al salir tomamos una cola en un chiringuito en la entrada de Sayil y hablamos un rato con la dueña que no dejó de hacer punto en toda la conversación. Era una india entrada en años, de habla pausada y mirada estudiosa, le gustaba saber sobre nosotros. Estuvimos charlando hasta acabar los refrescos y continuamos hacia Kabah. Aquí las ruinas están a pie de carretera y te muestran toda su majestuosidad nada más cruzar la entrada que accede al recinto puesto que alcanzas a verlo casi todo en una perspectiva general. En fin, otro lugar para subir y bajar escaleras, entrar en cuartos oscuros y húmedos, y morirse de calor sin parar de hacer fotos y bebiendo agua continuamente. Pese a todo se disfruta. Tanto como para atrevernos a ir hacia Uxmal y verlo en dos horas , puesto que cerraban a las cinco y eran las dos y media. Es un tiempo demasiado justo ya que Uxmal junto con Palenque, Chichén-Itzá, Tikal y Copán son las ruinas mas extensas y espectaculares que los mayas nos han legado y por tanto era todo un gigante al que enfrentarse. Podíamos hacerlo.
Nada más entrar se aparece majestuosamente la pirámide del adivino, igual de magnífica que el castillo de Chichén, no obstante esta es más densa y abombada, no es escalonada y recuerda a una antigua pirámide egipcia. Los escalones son mucho más estrechos y la subida más empinada, aquí da verdadera sensación de que si no pones bien los pies te vas abajo, por tanto la escalada es lenta y con la atención bien puesta en el ascenso. No apto para los que padecen vértigo. Ah¡ pero la vista es como siempre sensacional, todas las ruinas envueltas por la densa selva que se hunde en el horizonte. Un buen cigarrillo acompaña estos grandes momentos.






















A los pies de la pirámide hay una plaza cuyo perímetro son pequeños templos dedicados al dios chaac. Al lado el juego de pelota. Mas a la izquierda, separado por un valle, se adosa a la montaña una pirámide y se eleva a su lado majestuosamente el palacio del gobernador, joya arqueológica y según los expertos la culminación del estilo puuc.
Rodeando el palacio de nuevo oímos ruidos en su interior, una iguana y más adentro otra más pequeña escalando una pared. Al oírnos se introducen en sus agujeros o escondites hechos a medida. A unos 15 metros y en otros compartimentos nos encontramos la misma escena, de repente un ruido muy cercano nos desvía la atención y localizamos otra moviéndose rápidamente a 3 metros de nosotros. Súbitamente se para y nos observa, desafiante. Nosotros igual , admirándola. Así durante un minuto pasado el cuál, como intuyendo que no estaba en peligro, desvía la vista hacia otro punto como si ya no le interesásemos. Estuvimos observándola hasta que nos cansamos y cuando marchamos quedó en la misma posición, tomando el sol.
Paseamos hasta la hora de cerrar, pero antes de marchar tenía que subir de nuevo a la pirámide del adivino a contemplar “supongo” que por última vez su magnífica vista. Marta se quedó abajo porque no estaba para trotar mucho, y menos si ya lo había visto. Además esta pirámide, como he dicho, tiene unos escalones ínfimos y realmente acojona. Ah! Pero que genial panorama, lo compartí durante cinco minutos con una vieja señora colombiana residente en los estados unidos con la que conversé un rato. Charlamos entre otras cosas del tiempo, parecía haber cambiado rápidamente, se estaba poniendo muy negro y cargado de nubes. Le dije que mejor sería bajar antes que descargara pero no hubo tiempo, mientras le decía esto comenzaron a caer gotas, enseguida gotazas en numero mayor y de repente como si cientos de hidroaviones pasaran sobre nuestras cabezas comenzó a diluviar. La dificultad de bajar todos aquellos escalones se le sumó la lluvia y las cosas que me ofrecí a bajarle a la señora colombiana. Bajamos lentamente, la cosa es de risa pero si uno se resbala a esas alturas habría un desenlace fatal. Cuando por fin llegamos al suelo suspiré con alegría, habíamos llegado. Además recibimos un caluroso aplauso de todos los turistas que estaban refugiados en la caseta del vigilante y marta me ofreció una toalla para secarme. Esperamos un rato a que pasara la lluvia, unos cinco minutos y el cielo quedó límpido de nubes aunque ya sin sol, era casi de noche. Decidimos ir al restaurante a cenar algo antes de ver el espectáculo de luces. En la barra pedimos unos bocadillos, cenar de plato hubiera supuesto que nos arrancásen la cabeza, como dicen en Argentina. En los sitios hiperturísticos como Chichén, Uxmal , Cancún o Tulum uno a de poner los seis sentidos para no salir exprimido como una naranja. Nos pasaron a una sala anexa al restaurante en la que había una televisión y dos camareros siguiendo un partido de clasificación para el mundial de Francia. Aquí el futbol es el deporte rey pero conversando con ellos me di cuenta de que en Yucatán no era del todo cierto. Allí el deporte que más seguidores tenía era el beisbol, y estaban muy orgullosos de haber eliminado a U.S.A en las olimpiadas de atlanta. Después del bocata fuimos a ver el juego de luces de Uxmal que por ser bastante parecido al de Chichén no voy a relatar nada de él.
A la mañana siguiente decidimos visitar las grutas de Loltún antes de retroceder hacia Mérida. Sólo se podían visitar con guía y el primer tour era a las 9:30, ya lo teníamos aprendido del día anterior y llegamos bien pronto, a las 8:45.
Aprovechamos para desayunar algo de embutido y pan de molde que habíamos comprado en un pueblito. Ya con el estómago lleno y faltando unos cinco minutos para que empezara la visita, cerramos el coche pero cometimos un pequeño fallo, nos dejamos las llaves dentro.
Empezamos a probar varios sistemas para abrir el coche aunque todos fallaron. Finalmente un amigo mejicano del servicio de cultura consiguió forzar la ventanilla triangular delantera y pudimos entrar. Eran en esos momentos las 10:00 horas y ya no podiamos entrar hasta las once, así que había que esperar otra hora más. Nos lo tomamos muy bien porque parecía predestinado que en la primera visita no pudiésemos entrar.
Sí lo hicimos en la segunda pero no solos puesto que acababa de venir una pareja italiana. He de decir que estuvimos a punto de no visitar las grutas e irnos ya que la mala suerte nos perseguía con ellas, pero el quedarnos fue una de las mejores decisiones tomadas en este viaje por la Ruta Maya. Nada que ver con las grutas de Balankanché.
Éstas cavernas de buen principio son anchas e impresionantes, en zonas pueden alcanzar una altura de 30 o 40 metros y penden grandes estalagtitas por doquier. También surgen estalagmitas que en muchos casos conectan con las anteriores formando enormes columnas. Estas cuevas fueron utilizadas por el hombre desde 2500 años atrás pero sobre todo son recordadas como refugio indígena en la guerras. No os puedo decir exactamente cuanta longitud recorrimos pero tardamos un poco más de una hora en salir de ellas y no retornamos al origen. La salida era un cenote, pero claro, nosotros lo veíamos como si estuviéramos en el fondo así que para salir tuvimos que trepar un poco.
















Me permitiréis una pequeña explicación geológica mediante la cuál intentaré explicar la veneración de los mayas yucatecos por el dios Chaac o de la lluvia. Después de los Altos de Chiapas y Guatemala, se nos aparece inmensurable y espléndida la península del Yucatán. Esta llanura tiene un estiaje muy marcado. La estación seca tiene una carencia de agua muy fuerte y la sequía provocaba grandes catástrofes. Esto implicaba una gran devoción al dios de la lluvia. La falta de agua y ríos es debida a la composición del roquedo, en su mayoría roca caliza. Esta roca es muy permeable y acostumbra a formar el modelado kárstico en superficie así como grandes grutas y simas bajo tierra cuando el espesor de la capa caliza es profundo. Los mayas bajaban a ellas a venerar a los dioses ultraterrenos y también a sacar piedra para los templos. Las grutas de Loltún son una buena síntesis de lo explicado anteriormente.
Continuamos camino hacia el Norte. Creo que íbamos perdidos puesto que circulábamos por carreteras demasiado pequeñas y no parecía la ruta que habíamos escogido en el mapa. En una callecita de un pueblacho vimos unos quince niños jugando en el patio de una casa. Nos acordamos que llevábamos una gran bolsa de caramelos sugus y empezamos a repartirlos desde el coche como si fuera una improvisada cabalgata de reyes. Se produjo un gran alboroto y los críos daban saltos de júbilo y se amontonaban alrededor del escarabajo sacando tres manos cada uno. Con el follón salieron rápidamente los mayores de la casa pero al ver de que se trataba todo el revuelo nos lo agradecieron con una sonrisa. Los niños para que contar, más contentos que la hostia y una cara de incrédulos que alucinaba. A santo de qué aparecen a mediodía de un día cualquiera en un pueblucho que no sale en el mapa dos extranjeros en un escarabajo que les atiborran de caramelos. Nos despidieron con saludos y sonrisas. Si viajáis a países subdesarrollados no os olvidéis de guardar en el equipaje un pequeño sitio para llevar regalos a niños, no os arrepentiréis.
Desde luego esa gente no parecía que hubiese visto muchos turistas en su vida lo que significaba que realmente nos habíamos salido del circuito principal que a su vez ya era secundario. Tuvimos que circular por una carretera muy estrecha aunque asfaltada. Finalmente desembocamos a la carretera correcta y tuvimos que retroceder diez kilómetros hasta las ruinas de Mayapán.




Mayapan se fundó en 1007 y logró el liderato del Yucatán bajo la dinastía Cocom. Este predominio sobre Chichén Itzá y Uxmal duró casi dos siglos y medio hasta que el gobernante de Uxmal, el señor Ah Xupán Xiú encabezó una rebelión de las ciudades estado oprimidas y derrocó a los Cocom. La ciudad de Mayapán era bastante grande. Los arqueólogos de los años cincuenta registraron más de tres mil edificios y veinte cenotes así como restos de murallas. La actualidad es desoladora. Todos los edificios están comidos por la selva, pero un ejercito de obreros se encarga de reconstruir las ruinas. Cuando llegamos Marta y yo era la hora de comer y muchos de ellos se disponían a ello. Nos dimos una vuelta y nos cercioramos de lo mucho que queda por hacer. Sólo un par de pirámides están medio acabadas y yo diría que más que reconstruidas han sido construidas puesto que no se parecen a nada de lo que hay alrededor. Nos apalancamos al lado de unos obreros y nos pusimos a comer. Comentamos que este complejo sería una atracción turística en el futuro por el despliegue de obreros que trabajaba y por la inmensidad del área que abarcaba, aunque en la actualidad los únicos viajeros que estábamos éramos Marta y yo. Acabado el pan con chorizo y unos buenos tragos de agua para combatir el calor, dimos la última vuelta viendo trozos y trozos de piedra, trabajadores sacando escombros y limpiando hierbas. Era la hora de irse.
Continuamos hacia Mérida, a unos 43 km. hacia el norte, y nos dirigimos directamente al hotel. Allí se quedó Marta y yo me fui a la plaza central a comprar el diario español (último que conseguí hasta mucho tiempo después) y retorné al hotel donde nos dimos un gran chapuzón en la piscina para reconfortarnos de este periplo de dos días.


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